El anuncio por parte del Gobierno norteamericano de un plan para rescatar del caos su sistema financiero ha desatado una auténtica orgía bursátil en todo el mundo, con subidas históricas que dejan cada vez más atónitos a los ciudadanos, que ven cómo en cuestión de horas el mundo de las finanzas se derrumbaba para después conseguir en la Bolsa crecimientos inimaginables. Estos ciudadanos son los que se preguntan si esto significa que por fin el mismo sistema que ha generado esta catástrofe ha encontrado el antídoto para poner fin a una crisis que nos amenazaba a a todos con una terrible recesión como la ocurrida en los años 30. El Gobierno de Bush ya ha anticipado que el rescate de los bancos enfermos americanos costará cientos de miles de millones de dólares, que sólo puede sacar de los contribuyentes a base de más impuestos o de recortes de gastos e inversiones. En España la subida de la Bolsa anticipa que los inversores han recobrado el optimismo porque esperan que esto acabe con las restricciones de crédito de los bancos, evitando así el peligro de quiebra, pero esto no significa que los bancos estén dispuestos a prestarlo de nuevo alegremente a las empresas y a los particulares para seguir financiando el alocado consumo de los últimos años o nuevas hipotecas sin garantías. La crisis inmobilaria española es real, como lo es la de consumo y la del aumento del paro. Si los contribuyentes americanos tardarán años en pagar el despilfarro de sus elites financieras, en España deberemos esperar a comprobar los efectos en la economía real para ver si hemos tocado fondo en la recesión; y sólo queda exigir al Gobierno que cumpla su compromiso de no dejar que sean los más débiles quienes paguen por esta crisis.