Que León es tierra de cainitas lo sabe hasta el cicloturista del monumento de la Condesa, ausente desde hace años para sorpresa de extraños y orgullo de propios, que ven en el despropósito el único caso del mundo de peana sin santo. A lo que íbamos, dar leña al prójimo es aquí más deporte nacional que los aluches de Fulgencio. Por tener tenemos hasta un pueblo con el nombre prohibido de Caín, y lo rodeamos de uno de los paisajes más impresionantes y visitados en la provincia para que vea todo el mundo cómo nos las gastamos.
No es motivo de honra, sino triste realidad, que también seamos la provincia de España con más fosas comunes de la guerra civil destapadas hasta la fecha. Pero no contentos con eso, cuando 70 años después le ponemos un monumento a las víctimas, algunos se lían a pedradas para borrar los nombres de los paseados. Está claro que el pedestal vacío de la Condesa está creando escuela.
La confirmación a la regla nos llegó esta semana desde la página de sucesos. ‘Piden dos años (de cárcel) a un hermano y nueve meses al otro por pelearse con un cazo y una cazuela’. Los hermanos eran gemelos y las cazuelas de acero inoxidable, a juzgar por la petición del fiscal. Si hacemos esto con la batería de cocina, qué no haremos si tenemos a mano… qué se yo… ¿una compañía aérea?