Vino Paco Fernández en plan peacemaker. A las puertas del local me encontré a uno con cara de crítico (y de cítrico) que me hizo un atinado resumen de la intervención: “La música sonaba bien, pero la letra no la entendí del todo. Me pasa lo mismo con los Héroes del Silencio”. Ya tiene que estar mal la cosa para que venga el alcalde de León a resolver las cuitas del Bierzo, pensé yo, mientras abandonaba el local elegido para la reunión. Por cierto, si el PSOE se reúne en la sede del Círculo Empresarial Leonés, ¿la próxima asamblea del PP será en el salón de actos de Comisiones Obreras? En esto de la política, siempre sobrevuela la ambición de poder. No sucede lo mismo en el Centro Galicia, donde el actual presidente concurre a la enésima elección no para batir el record de Laudino en el machito, que ya está a punto, sino porque no hay otro propio que quiera hacerse cargo de organizar el mayor reparto de distinciones que se ha conocido desde la invención de las olimpiadas, aderezado con pantagruélicas degustaciones de paletilla de cordero.
La Semana de la Movilidad me ha dejado inmóvil. Me da un sofoco cuando me imagino a la patrulla de policía a pedales persiguiendo al quillo del ibiza customizado que todos los sábados pasa after hours por delante de mi casa. Mejor ver a los ciclistas desde la cuneta, como hicieron muchos paisanos que el lunes agitaban la bandera del Bierzo al paso del pelotón, a escasa distancia de los corredores. No sabría decir si lo hacían en plan reivindicativo, a modo de salutación, o simplemente, intentando taparles los ojos para provocar un accidente sangriento y ganarse así su esperado minuto de gloria televisiva. Eso sí, en la 2.