La Ponferradina paga caro sus errores en defensa y en ataque y cae goleada ante un rival directo
Jonathan Ruiz se duele en el suelo en una imagen que refleja las sensaciones que se llevó la Deportiva. mAURICIO PEÑA (ENVIADO ESPECIAL)
Javier Santiago Pontevedra
La Deportiva sigue sin encontrar el camino. Ayer empeoró el balance de un inicio inesperadamente débil y encajó en Pontevedra una derrota más estrepitosa de lo debido, pero en todo caso inapelable. Paradójicamente, los blanquiazules abrieron el partido dominando y mostrando mejor juego que en jornadas precedentes, pero la mezcla de los despistes propios, los aciertos del Pontevedra y la mala fortuna acabó por dibujar un marcador en contra como ya no se recordaba y por satisfacer a los que prefieren el pesimismo frente a la esperanza.
Como si quisiera enjuagar enseguida el mal sabor de boca de la pasada semana, en el minuto tres la Ponferradina ya trazó una jugada que superó a todo lo que se había visto frente al Celta B. Jonathan Ruiz combinó con su tocayo Valle, este encaminó el balón con lucidez hacia Ernesto y el zurdo centró para permitir el remate de De Paula, que no encontró portería.
En apenas un puñado de toques, la Deportiva recuperó, al menos momentáneamente, la esencia perdida. Los blanquiazules tomaron el mando y dejaron muestras del caudal de fútbol que poseen cuando son capaces de adueñarse del balón. Entre Ernesto y Jonathan Valle superaron varias veces al lateral derecho Ormazábal y descubrieron una posible ruta hacia el gol.
Mientras tanto, el Pontevedra se limitaba a mostrar sus indudables bazas ofensivas en jugadas a balón parado. Tras un córner, gozó de una ocasión evidente con un disparo desde fuera del área que no batió a Rubio porque lo evitó sin querer el local Pelegrina. Pero, sin inmutarse demasiado, la Ponferradina siguió buscando sus opciones, con Fran y Aitor animándose también a generar peligro desde la banda derecha.
El fútbol, en cualquier caso, se guía por caprichos del destino. En este caso, la fortuna le puso cara de sonrisa al Pontevedra. Tuvo que ser, cómo no, a balón parado. Tras una falta lateral, el peligrosísimo Xavi Moré se encontró con un despiste grave de la defensa blanquiazul y con camino libre para buscar la linea de fondo. Cuando la alcanzó, dio el pase de la muerte, Nacho tropezó con la pelota y la desvió hacia dentro. Sin merecerlo demasiado, la Deportiva se encontró remando contra corriente.
Y por si no fuera suficiente, Moré volvió a dinamitar la banda izquierda blanquiazul tras recoger un balón perdido por la Deportiva en el medio del campo, un problema que se repitió demasiado. Llegó al final del terreno, sacó de nuevo un centro perfecto y Tigrao, en el segundo palo, sólo tuvo que empujar para abrir una brecha más bien exagerada en el marcador y para dejar a la Ponferradina sin otra alternativa que intentar una heroicidad.
De Paula estuvo a un paso de regalar esperanzas al borde del descanso cuando rescató un balón perdido en el área, lo hizo flotar sobre el portero y acabó lamentando la velocidad de un defensa que lo despejó cuando ya se encaminaba a la red. Y nada más arrancar la segunda mitad, Nacho tuvo la oportunidad de marcar en la portería buena tras un rechace, pero la pelota se estrelló en el cuerpo del portero.
Ambas ocasiones sirvieron para mantener vivas algunas dosis de fe. La Ponferradina no renunció a la gesta y la buscó con ganas, pero ayer también faltó acierto de cara al gol. Viadero asumió riesgos, introdujo a Irurzun, Portilla y más tarde Rubén Vega, dejando una defensa con sólo tres hombres. No quedaba otra. Así, la Deportiva se quedó con el mando del partido y el Pontevedra se dedicó a economizar su ventaja, a la espera que los inevitables huecos le permitiesen alcanzar el tercero.
Y eso fue lo que pasó, de nuevo a manos del imparable Xavi Moré. Él se encargó de fabricar otra jugada de gol penetrando por su banda y sirviendo la pelota en bandeja para que Gato sentenciase con un cabezazo impecable. Y así, la Deportiva se fue de Pasarón con un castigo quizá demasiado duro frente a un rival directo y con el ansia de encontrar el buen camino cuanto antes.