Y ... ¡ya! Desde que perdí el derecho al silencio no puedo parar. Como ejemplo, el mes pasado dejé esta misma columna perfectamente llena y me la han vuelto a encalar. Sigo teniendo miedo al blanco, y más desde aquí arriba, y sigo sin saber de qué escribir, así que voy a escribir sin pensar, sin parar, que las teclas no dejen de sonar aunque no lleguen ideas a mi cabeza, clack, clack, clack. Los que fueron mis profesores de literatura me dirían que esto de escribir sin pensar ya lo inventaron hace mucho tiempo unos vanguardistas cuyo nombre no recuerdo y no voy a buscar porque perdería la inercia. Hablando de mis profesores de literatura: se cortarían las venas al comprobar que esta columna no responde a aquel esquema con el que tanto me dieron la vara de ‘Introducción, Nudo y Desenlace’. Tan rápido voy a escribir sin pensar que me estoy cronometrando y lo voy a llenar todo, sin puntos y aparte, que quede todo bien negrito. Apuraré la última línea para gastar más tinta, cosa que puedo decir ya que tengo la certeza de que a estas alturas quedarás leyendo tú y alguno de mis familiares cercanos. No llega el final. Confieso que me he quedado tan en blanco como estaba la columna al principio, así que voy a mirar el periódico. Veo una foto de la corrida de toros goyesca de Valencia de Don Juan, y siento una inmensa pena tanto por no haber podido acudir al evento (no me sobraban los 80 euros de la entrada mínima) como porque un hijo de Paquirri no pudiera estrenar el traje de luces de la marca Armani que le habían hecho a medida para la goyesca de Ronda. Parece que ya está lleno el temido blanco. Si puedo, el mes que viene le doy otra mano y a ver cómo queda. Esta vez han sido más o menos 4’25’’.
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