Varios extranjeros se encuentran entre las víctimas del coche bomba
La Policía y diversos voluntarios fueron los primeros encargados de rescatar de los escombros a los supervivientes del atentado. EFE
OTR-Press Islamabad
El día en que el presidente de Pakistán, Asif Ali Zardari, se estrenaba ante la Asamblea de diputados estatales y provinciales, una masacre terrorista puso de manifiesto que la violencia sigue siendo uno de los principales problemas del país.
Al menos 60 personas, entre ellas varios extranjeros, perdieron ayer la vida y alrededor de 250 resultaron heridas por la explosión de un camión bomba contra el Hotel Marriot de Islamabad. El suceso tuvo lugar a última hora de la tarde en la capital paquistaní, donde el estallido del vehículo contra la puerta principal del establecimiento hotelero convirtió las inmediaciones del edificio en zona de guerra. La detonación dejó un cráter de unos seis metros de profundidad, según las primeras informaciones que se tuvieron del suceso.
Ante la brutalidad del atentado, todos los hospitales de Islamabad y hasta en Rawalpindi declararon el estado de emergencia para atender a las decenas de víctimas de esta deflagración, que, según las primeras estimaciones, provocó al menos 60 fallecimientos y alrededor de 250 heridos. No en vano, algunos informes aludían a que en el momento en que ocurrieron los hechos en torno a dos centenares de personas se encontraban en el interior.
A la explosión se sumó, además, el incendio originado en el hotel y una fuga de gas natural, lo que no hizo sino complicar la situación e incrementar los daños materiales. Parte del techo del edificio quedó completamente derrumbado y los vehículos aparcados a la puerta del complejo quedaron reducidos a chatarra.
Ningún grupo terrorista se atribuyó inmediatamente la responsabilidad de este atentado, que vuelve a situar al Hotel Marriot en el punto de mira, después de que el año pasado un ataque similar dejase tras de sí dos muertes en las inmediaciones de este establecimiento.
Tanto Zardari como el primer ministro, Yusuf Raza Gilani, condenaron el atentado y expresaron su “consternación y pesar” por la pérdida de vidas inocentes. Aseguraron que los causantes de “tan espantoso crimen» serían llevados ante la justicia. En este sentido, la Casa Blanca reprobó el estallido y aseguró que su país “apoyará al Gobierno democráticamente electo de Pakistán en este desafío”, mediante un respaldo al que también se sumó el Ejecutivo español.
Por otra parte, seis personas perecieron, entre ellas tres militares paquistaníes y un menor, por un atentado suicida perpetrado al paso de una patrulla en la región de Waziristán del Norte, cerca de la frontera con Afganistán. Según informó el Ejército, el ataque ocurrió en las inmediaciones de la localidad de Mir Ail, una zona en la que se concentra un importante número de milicianos árabes y centroasiáticos vinculados con la organización Al Qaeda.