Porcinero, en Babia, y Trobaniello, en Quirós, dos santuarios-ventas para peregrinos por Ventana
Una de las ermtias que se ha convertido en improvisado albergue de peregrinos en el puerto Ventana.
Fulgencio Fernández Torrebarrio
Peregrinos, arrieros y comerciantes fueron atravesando en diversas épocas de la historia, desde los romanos hasta hoy, el complicado puerto de Ventana, entre León y Asturias, y siempre encontraron refugio y cobijo en dos santuarios que, a la vez, eran viejas ventas, de un lado y otro del puerto: el de Porcinero, en la Babia Baja leonesa (Torrebarrio), y Trobaniello, en el concejo asturiano de Quirós.
Los asturianos de Quirós suelen decir que esta entrada “es el bocarón de acceso a León, es decir, la puerta de entrada. Un lugar que históricamente ha sido encrucijada, cruce de caminos, pues en Porcinero confluían los dos ramales de la famosa Vía de La Plata que unían Asturias con el resto de España, uno era este camino de Trobaniello y el otro era la calzada de La Mesa. El destino final, la costa gijonesa, en Noega.
La relación entre las dos vertientes siempre fue cordial, necesaria para la supervivencia y la convivencia. Así lo recogía un libro de las romerías que en el mes de agosto se celebran en ambas ventas-santuarios unidas por el Camino Real de Puerto Ventana o el Paso de las Reliquias, pues por ahí pasaron las reliquias que a principios del siglo IX llegaron desde Jerusalem a la Cámara Santa de Oviedo. Un vecino de Torrebarrio, Luis Barriada, afirmaba de la gente quirosana: “Recuerdo a hombres y mujeres de Ricabo, y otros pueblos de Quirós, que venían a Torrebarrio a comerciar con productos de la tierra y que ellos intercambiaban por otros. Llevaban patatas y traían manzanas. Eran artesanos de la madera y traían cachapos tallados con primor y también astiles para la guadañas. Aún hoy hay uno en casa ligero como una pluma”.
Se pregunta Barriada qué queda de todo aquello y se responde que, además de los recuerdos, “aún perduran algunas amistades”. Otro vecino de este pueblo, Luis Álvarez Suárez, recuerda la pobreza de medios de aquellos tiempos y un viaje suyo, cuando era adolescente, camino de Oviedo por tierras de Quirós, con parada en Porcinero, entrada por el ‘boquerón’ hasta Trobaniello. No ha olvidado la oración: “De la venta a Trobaniello, un paseo bien medido. No lo pienso, lo he vivido. La Madre me da la mano, con Ella hago el camino”. Le acompañan viejas leyendas de ánimas que le gritan al caminante ‘sufragios, por misericordia’ y el ruido del viento se confunde con otra frase: ‘Chaval, deja la merienda y sigue tu camino sin mirar atrás’. Pero la realidad tiene otra cara, la de una vecina que no le habla de leyendas sino de realidades: “La cena, el filandón, la dormida y después el Camino hacia Santa Marina”.
Pero también los recuerdos de los vecinos de la otra vertiente, la asturiana, son agradable y de buena vecindad. Vicente José González, de Rodiles, cuenta en ese mismo programa festivo que “mis primeros recuerdos, hacia el año 1930, están vinculados a una babiana llamada Francisca, de Cubiechas. En más de una ocasión me tuvo y meció en sus brazos. Me regalaba golosinas, me contaba historietas de su tierra y de Quirós y cuentos que aún recuerdo. (...) La comunicación a pie o a caballo era el único medio de traslado”.
La venta santuario de Porcinero, la leonesa, es el último lugar de acogida antes de salida del viajero, del caminante o el peregrino . Es santuario, pero es venta, pues “estos edificios situados a la orilla del camino son anteriores a los primeros siglos del cristianismo”. Buena parte de sus posesiones sufrieron la desamortización de Mendizabal , aunque algunas fincas fueron compradas por vecinos de Torrebarrio y donadas posteriormente a este mismo pueblo.
También el de Trobaniello fue refugio y venta del Puerto Ventana y dependía directamente del deán de la Catedral de Oviedo.
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