Miguel Cordero del Campillo y Roberto Cubillo presentan hoy ‘La Veterinaria en León’
Los antiguos veterinarios vivían en permanente contacto con los ganaderos de la provincia, les llevaban su ciencia y escuchaban sus reflexiones, aprovechaban su experiencia.
Fulgencio Fernández León
Si la sociedad leonesa está vinculada a una profesión ésta es la de veterinario. De ellos han dependido, con ellos han convivido en estrecha relación. Si la Universidad leonesa tiene una Facultad ‘estrella’ ésta es la de Veterinaria, la más clásica, la más necesaria. La nuestra.
De todo ello habla el libro que hoy se presenta en el Aula Gordón Ordás (a las 19.30 horas) titulado ‘La Veterinaria en León, Estampas de su Historia’, del que son autores los veterinarios Miguel Cordero del Campillo y Roberto Cubillo.“Hemos querido hablar de la veterinaria en la sociedad leonesa fundamentalmente en los siglos XIX y XX. No es un estudio exclusivo para los veterinarios sino para toda la sociedad leonesa”, explican sus autores, quienes añaden que han encontrado “muchos aspectos interesantes de esta relación entre León y la veterinaria”.
Tiene una significativa presencia en este libro la “larga lucha que mantuvieron muchos de nuestros colegas, una pelea difícil y bastante desigual, para desarrollar la intervención de los veterinarios en el mundo de la sanidad, en la inspección de carnes y productos alimenticios. Tuvieron que demostrar sus conocimientos y se hicieron con un puesto al sol en el mundo de la inspección de alimentos, en el laboratorio municipal, colaborando con farmacéuticos y médicos. Es un capítulo novedoso y muy interesante en el aspecto sociológico para conocer la sociedad leonesa del XIX”.
En el siglo XX comienzan a cristalizar iniciativas sociales nacidas en la Escuela de Veterinaria. “Eran las gentes más cultivadas, más metidas en el cogollo social de la ciudad, con un fermento de la batalla por lo que Gordón Ordás llamó “la lucha por entrar en el Boletín Oficial”. En esta época se modifican las estructuras docentes, las del ejercicio profesional, “a comienzos del siglo XX se crean los primeros cuerpos sólidos, el Cuerpo de Inspectores de Higiene de Sanidad Pecuaria que hoy es el Cuerpo Nacional Veterinario”.El número 1 de este cuerpo fue precisamente Gordón Ordás y junto a él ingresó otro de los nombres brillantes de la Facultad leonesa, Cayetano López, un burgalés “es el único español que aparece en las obras de patología veterinaria, fue uno de los grandes estudiosos de la brucelosis, utilizando para hacer el caldo de cultivo la placenta en lugar de la carne de vacuno”.
Hubo una pléyade de gentes de León muy importantes para la sociedad de la época, “como los Núñez, padre e hijos y sobrinos, que estuvieron repartidos por León y otras universidades. Los Borredá, familia del ministro del mismo apellido; Rafael González Álvarez, cuyo padre escribió en León una Anatomía de referencia... En definitiva, un grupo de gente que eran la avanzada cultural y científica de una profesión que empezaba a conquistar el microscopio, que no anduvimos muy tarde los veterinarios en eso”, señala Miguel Cordero del Campillo.
Una de las figuras con evidente presencia, recuerda Cordero, es la de Gordón Ordás, que “representa la inquietud pública y política de los veterinarios leoneses. Con esta controversia que se vive hoy conla memoria histórica dudé si abordar este asunto y decidí entrar, con toda la equidad que pude, pues hubo en la profesión de todo. Todavía viven algunos que en el 31 llevaron la bandera republicana a la Diputación, otros que participaron en la quema de conventos (menos mal que el Gobernador evitó la quema de los Franciscanos), también vi salir del cuartel de León guardias camino de la muerte en Campomanes. Asimismo analizo la Guerra y la triste violencia posterior, hasta el punto que me ha tocado participar en la identificación de alguno”.
Uno de los fusilados fue el segundo presidente del Colegio de Veterinarios de León, NicóstratoVela Esteban, padre del pintor Vela Zanetti. “Fue un hombre muy valioso, que intervino activamente en la enseñanza en el Monte San Isidro con la InstituciónLibre de Enseñanza, que después se apropió de ello el Estado y se lo vendió a la Diputación por una peseta. Vela fue un miembro activo y reconocido a nivel nacional con lecciones de toda naturaleza en el campo de inspección de mataderos y las cooperativas lácteas”.
También otro veterinario, Santos Ovejero, participó Santos Ovejero, que “participó en las Misiones Pedagógicas y fue perseguido por ello, aunque después se pacificó la cosa con él”.
Cordero del Campillo estudia la depuración, compara lo que se hizo en ambos bandos y “la sorpresa es grande, en unos libros de Moradiello, con una perspectiva filorepublicana acaba diciendo que las disposiciones las habían copiado unos de otros”. También aborda el asesinato del rector Clarín, en Oviedo, que “fue increíble. Lo tuvieron vivo y cuando se liberó Oviedo lo fusilan”.
Cordero señala que “me comprometo, como ya lo hice otras veces, contoda la ecuanimidad que puedo” y recuerda que él guardó “las placas del monumento a los caídos de Papalaguinda y cuando nos hicieron el edificio nuevo las coloqué allí, como un documento histórico, pero hay que poner otra placa para que sea un reconocimiento a todos los muertos de la Guerra”, y señala que allí habrá que colocar la de Vela Esteban y otros, como “uno de los aparecidos en la fosa común de Izagre, que yo comprobé en mi fichero de alumnos del 35 y 36 que aparecía allí y decía que era de Corrales. Curiosamente en Corrales del Vino, en Zamora, había un alumno de Veterinaria que desapareció en julio del 36 cuando salió a ver una novia que tenía por el sur de León (en Izagre)”.
La Facultad de Veterinaria y el origen de la de Biológicas “con la abusiva conducta de la Universidad de Oviedo” ocupa otro espacio de este libro que se cierra con las reflexiones de una serie de veterinarios históricos, como Miguel Abad, Hidalgo el de Omaña, Boixo el de Vegas del Condado (que recorría 60 km. en Biscuter), Ángel Alonso y otros recordados veterinarios.
Muchos documentos periodísticos, anécdotas de todo tipo (como la violación de la tumba de una familia con animalarios) o los animales de compañía completan el libro que ve la luz en el aula Gordón Ordás.