Lo ocurrido con el banco Fortis en Alemania, que ha obligado a su Gobierno a reconocer que les habían engañado con el agujero económico, debió planear ayer con seguridad en la reunión del presidente del Gobierno español, con los representantes de las entidades financieras más importantes del país. De ser así aún no ha trascendido y públicamente se sigue mostrando por parte del Gobierno y de la banca una fe inquebrantable en que el sistema español no está contaminado y sigue siendo uno de los que más garantías ofrece del mundo. No obstante, la debacle financiera ya se ha trasladado de Estados Unidos a Europa y ha provocado, además de los casos ya conocidos en algunos países, un deterioro muy preocupante del euro. El intento de que todo el espacio europeo siga una política económica común ante la crisis parece ya inalcanzable, a no ser que se llegue a la conclusión de que los gobiernos garantizan la totalidad de los ahorros de todos los impositores, sean de la cuantía que sean, algo que ningún Gobierno es capaz matemáticamente de poder llevar a cabo y que sólo busca cortar de raíz el posible pánico que podría producirse ante el aumento de la caída de los bancos. De hecho, el Gobierno español ya garantizó antes de finalizar la reunión europea que aumentará el Fondo de Garantía de Depósitos, fijado en estos momentos en España en 20.000 euros por titular, aunque no especificó la cuantía del aumento. Los gobiernos europeos deben alcanzar el consenso que se presuponía existía sobre política económica a raíz de la implantación del euro, porque una desbandada de países, cada uno por su lado, sería mucho más peligroso y contribuiría a que el pánico, en lugar de cortarse, se generalizase. Las Bolsas ya parecen adelantar esta catástrofe.