Sólo faltan cuatro semanas para que los estadounidenses elijan presidente
Los republicanos han empezado a sacar los ‘trapos sucios’ de Obama para intentar hacer mella en su popularidad. Jason Reed (reuters)
E. Palomo Washington
Los intentos republicanos de hacer ver que el candidato demócrata a la Presidencia de EEUU, Barack Obama, “mantiene relaciones amistosas con terroristas” han subido la temperatura de la campaña electoral, que parece entrar ya en una fase de guerra sin cuartel.
A menos de un mes de los comicios, los sondeos indican que los demócratas despegan en algunos estados clave, lo que podría explicar, según los analistas, las últimas acusaciones -inmediatamente tachadas de falsas- vertidas contra Obama por Sarah Palin, candidata republicana a la Vicepresidencia.
Como telón de fondo cabe destacar que incluso Karl Rove, el arquitecto de las dos últimas victorias de Bush, dice en su página web que “si las elecciones fueran hoy”, Obama ganaría. Pero, según Rove, esta campaña es “susceptible de cambios rápidos”, por lo que “no es posible hacer predicciones”.
Lo que sí creen que es posible es forzar los “cambios rápidos” y eso es lo que parece quiso hacer Palin, quien en un mitin el pasado sábado intentó relacionar a Obama con el fundador de un grupo radical que atentó en los años 60 contra el Pentágono y el Capitolio. “Nuestro rival considera a EEUU tan imperfecto que mantiene contactos con terroristas que atentarían contra su propio país”, comentó Palin.
Palin recordó, además, indirectamente con su acusación que Obama tuvo que cortar con el pastor que bautizó a sus hijas, porque dijo en un sermón que Dios debía “maldecir América” por ser racista, y que la esposa del candidato contó que, ahora que su marido, un afroamericano, puede aspirar a la Casa Blanca, es la primera vez que se siente orgullosa de EEUU.
La Gobernadora de Alaska aludió a un artículo del New York Times sobre Bill Ayers, fundador del grupo radical Weathermen. El diario señalaba que Ayers, actualmente profesor universitario, coincidió con Obama en Chicago en algunas reuniones sobre la reforma educativa en los años 90 y “sus caminos se han cruzado esporádicamente desde entonces”, entre otras cosas porque viven en el mismo vecindario.
Aunque el diario también indica que la relación entre ambos “no parecen haber sido estrecha y tampoco Obama expresó nunca su simpatía por los radicales.