Acabaron con sus chabolas ofreciéndoles una vivienda previa estancia, temporal, en unas cabañas prefabricadas. 17 años después siguen en Las Graveras y sin casa
Una de las cabañas prefabricadas de Las Graveras, ubicadas tras el Hispánico. Mauricio Peña
I. Herrera León
En 1991, el Ayuntamiento de León, encabezado por Juan Morano, cambiaba las chabolas de latas y cartones por unas viviendas prefabricadas para dar cobijo, temporal dijeron, a las familias gitanas que allí se asentaban. Han pasado desde entonces 17 años y allí siguen, malviviendo en estos chamizos plagados de carencias y rodeados de ratas, suciedad y malos olores.
No se han olvidado de la promesa que entonces les hizo ‘Don Morano’ –como se refiere Ricardo García al popular–. Según el acuerdo, los antiguos moradores del poblado chabolista que trataron de ‘limpiar’ detrás del Hispánico convirtiéndolo en una especie de campamento de verano con casas prefabricadas debían buscar una vivienda (digna) por un valor de unos seis millones y medio (de las antiguas pesetas): “Nosotros busquemos (sic) cinco pisos en la zona de Armunia y se los presentemos (sic). Nos dijeron que había unos seis millones o seis y medio y, claro, los pisos que busquemos (sic) valían siete. Nosotros les dijimos que si había que poner un millón más lo poníamos y allí lo dejaron, lo archivaron y no nos hicieron caso”. Este es el caso de la familia García. Se las prometía muy felices pensando que el Ayuntamiento aportaría la suma acordada para realojarles en un piso decente pero el tiempo fue pasando, sus propuestas quedaron en un cajón y ahora... “Ahora ha venido otra nueva y nos ha mandado razón diciendo que lo que hay son dos millones y medio –sigue hablando en pesetas– y que nos dan tres años para que nos vayamos de aquí”, cuenta Don Ricardo que no acaba de entender qué ha pasado. “Primero que si pasaba la carretera por aquí, luego que ya no. ¿Y ahora que hacemos?”.
Dice la familia García que para qué quieren ellos dos millones y medio, “nosotros no queríamos dinero, lo que nosotros hemos querido siempre es una vivienda porque hace mucho que nos dieron estas cabañas con la condición de que aquí íbamos a estar cinco o seis años, que era un plan piloto y que de aquí íbamos a viviendas”.
“¿Dónde están los seis millones? ¿Dónde están los pisos? Ni dinero ni vivienda. ¿Qué pasó con los cinco pisos que les pusimos allí? ¿No los compraron? No nos hacen caso. Les pusimos cinco pisos y nada. ¿Y ahora qué? ¿Qué hacemos nosotros? ‘Eso es lo que hay’, nos dicen. Ahora hay dos millones y medio y nada”, expresan con cierta desesperación pues con esta suma hoy por hoy “dos millones y medio es lo que vale un coche”, dice el padre del niño que anda correteando por la casa. “Si no les exigimos que nos den un chalé ni mucho menos, sino una vivienda digna. Son casas que cada dos por tres tienes que cambiarle el suelo y andar poniendo parches. Aquí llevo yo casi toda la vida. Y aquí no se puede estar. Tengo un chaval pequeño y no lo puedo sacar, no puedo dejarle dar un paseo”, se lamenta invitando a observar la porquería que se acumula por los alrededores.
Cuenta Ricardo García que no se realojó a nadie, que siguen todas las cabañas ocupadas y, aunque por la hora, –“están a buscar a los críos al colegio”–, se ve poco movimiento en el poblado gitano, todas las casas parecen habitadas. Los trastos se acumulan en las puertas de estas cabañas que parecen muy frías y húmedas.
Gracias a la invitación de Don Ricardo se corrobora la falta de espacio en su interior. Cinco personas viven en este chamizo. Y, si bien es cierto que disponen de tres habitaciones y un baño, el término habitación le queda grande a estos cuartuchos en los que si se mete la cama ni pensar en colocar un armario.
Se sienten estafados: “El Ayuntamiento fue con mucho engaño”. Les da igual si fueron los de antes o los de ahora. Poco les importa si Don Morano, que era el alcalde vigente en el momento de la promesa (Juan Morano Masa ocupó el cargo de primer edil entre 1989 y 1995) o si el Consistorio ha cambiado de color político y es Teresa Gutiérrez a día de hoy la titular de la Concejalía de Servicios Sociales. No les importa. “Queremos una vivienda, de planta baja, un piso, lo que sea. Una vivienda en propiedad, una casa que podamos pagar porque nosotros no somos trabajadores, no tenemos oficio, no tenemos nada, lo único que tenemos es una paga y estamos dispuestos a pagar lo que podamos, si hay que poner cien euros al mes pues se ponen”. Son las contundentes palabras de Don Ricardo que ya, con desesperación, clama: “Si nosotros no somos salvajes, nos hacemos a todo, lo mismo nos da un piso que lo que sea”.
Tres años como mucho es el plazo que dicen que tienen para salir de aquí, pero no saben cómo van a hacerlo así que apuntan a un final que ya se ha vivido en otros poblados gitanos: “Aquí, como en Madrid, desalojo”.