A José María González no le van a hacer caso. Le pasa habitualmente. El hombre es coordinador regional de Izquierda Unida y el cargo lleva implicado que, diga lo que diga, caiga en saco roto.
Ayer estuvo en Ponferrada y habló de la crisis, como todo el mundo. La diferencia respecto a la mayoría de los que han metido baza en el asunto es que González lanzó alguna propuesta concreta para que este berenjenal que no se sabe quién ha generado salpique lo menos posible al pueblo llano.
IU plantea que la Junta impulse una negociación con los bancos o las cajas de ahorro para que rebajen las hipotecas inferiores a 150.000 euros. Es decir, que haga lo que pueda para intentar facilitar un poco las cosas a los que menos tienen.
Quizá me arriesgue más que poniendo un dos en la quiniela a un partido del Madrid en el Bernabéu, pero me atrevo a reiterar que, de nuevo, nadie le va a hacer caso. Ya digo, es algo que le suele pasar.
Mientras tanto, entre las pocas cosas que una mente estrecha como la mía puede comprender de este revoltijo de cifras que expulsan cada día los noticiarios, parece que todos los gobiernos del mundo civilizado están soltando pasta de los fondos públicos para evitar que las corporaciones que han ganado toneladas de millones en los últimos años exploten como una castaña asada de más.
Así está el panorama.Si alguien hace caso a José María González, seguramente será para decir que su propuesta es inviable o alguna cosa peor. Y, mientras tanto, los mandamases se dedicarán a tapar como puedan las grietas de un sistema que ha demostrado la misma solidez que un castillo de naipes. Eso sí lo ven viable. Y, al final, así nos luce el poco pelo que nos queda. A todos.