Los avances certificados por Gobierno y PP en la cumbre del martes se traducen en una sesión tranquila
María Teresa Fernández de la Vega es vicepresidenta. efe
Agencias Madrid
El acuerdo, o semiacuerdo, según quien lo enjuicie, alcanzado el martes por el presidente Zapatero y el jefe del PP, Mariano Rajoy, en materia financiera, tuvo un nítido reflejo ayer en el Congreso, ya que ambos líderes no quisieron aguar el ambiente de optimismo generado por su cumbre de la víspera y se limitaron a protagonizar un cara a cara de perfil muy bajo.
Hasta tal punto parecían temerosos de echar por tierra su delicada entente que, por un día, olvidaron casi por completo las turbulencias que agitan a los bancos y decidieron centrarse en un asunto mucho menos polémico, como es la subida del gas. En su pregunta al jefe del Ejecutivo, Rajoy eludió toda crítica a las medidas acordadas con el PP para rescatar a la banca y se limitó a tirar de generalidades para reprochar a Zapatero que no haga frente a la «crisis de la economía real» y lamentar la subida del mencionado combustible recién decidida por el Ejecutivo.
En su réplica, el inquilino de Moncloa también fue muy cuidadoso para evitar el cuerpo a cuerpo y tan solo se vio interrumpido por abucheos provenientes de la bancada popular cuando afirmó que las medidas adoptadas apoyan al sistema financiero, «que es -proclamó el socialista- lo mismo que apoyar a empresas y familias». «Estamos en un plan de entendimiento», recordó Zapatero, antes de reiterar que, tal y como reclama el PP, establecerá «garantías» para cada uno de sus planes.
El testigo del jefe del Gabinete lo recogió su ministro de Industria, Miguel Sebastián, quien contestó a las quejas de Rajoy señalando que la reciente elevación de un 9,6 por ciento en el precio medio del gas natural se debe a la nueva metodología para calcular sus costes, que aplica un sistema automático a partir de la evolución del precio de las materias primas y del petróleo durante el anterior trimestre. «Y, precisamente por eso, los descensos del crudo se van a traducir en los próximos meses en un menor precio del gas».
Así pues, a falta de miga en el cruce dialéctico de los primeros espadas, la poca sangre que se vertió en el coso parlamentario fue responsabilidad de la portavoz del PP en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, y su alter ego socialista, la vicepresidenta De la Vega. La encargada de romper las hostilidades fue la conservadora al asegurar que «la crisis de credibilidad» del Gobierno no se arregla ni con «150.000 millones», un comentario que mereció la airada réplica de la socialista para exigir a Génova «menos patriotismo de salón».
Después de que la número dos del Ejecutivo considerara «razonable» el balance del último medio año de Gobierno, la popular esgrimió con teatralidad uno de los carteles electorales del PSOE en el que Zapatero aparecía junto a la frase Por el pleno empleo y el eslogan Motivos para creer. «¿Cuáles eran esos motivos? La fortaleza de la economía y ¿qué queda de ese compromiso?: este cartel y la mayor crisis que recuerdan los más viejos del lugar», espetó Sáenz de Santamaría.