Al menos 70 talibán fallecieron ayer como consecuencia de un bombardeo de las fuerzas aliadas en la provincia de Helmand, al sur de Afganistán, muy cerca de la frontera con Pakistán. La región en la que se produjo el ataque es prácticamente desértica, pero es un punto de vital importancia porque en las tierras regadas por el río Helmand se cultiva la mitad del opio del mundo, por lo que parece que las fuerzas aliadas se han puesto a trabajar para luchar contra el narcotráfico, la principal forma de financiación de la milicia radical. Este atentado revela que los niveles de violencia actual han vuelto a los niveles más altos desde que comenzó la invasión de Estados Unidos en 2001.