En Salamanca aún quedan palabras en leonés, aunque cada vez menos. La Unesco ha dado la voz de alarma
Turistas en La Alberca, centro turístico de buena parte de la zona más ‘leonesa’ de toda la provincia de Salamanca. LA TRIBUNA DE SALAMANCA
I. Herrera León
Rallí no entienden de pugnas políticas leonesistas ni de fronteras de antiguos reinos, pero siguen tapando ‘buracos’, ‘candando’ la puerta o haciendo dietas para ‘delgazar’. En los pequeños pueblos de las comarcas salmantinas (provincia enmarcada en los antiguos límites del Reino de León) de Las Arribes del Duero y la Sierra de Gata conservan todavía hoy un buen número de palabras de la lengua leonesa.
‘Muyeres’ y ‘homes’ hablan lo que han escuchado desde siempre y, cuando van a la capital les tachan de ignorantes sin saber que, en el mismo territorio en el que se presume de hablar el castellano más perfecto, quedan aún resquicios del leonés.
Estas ‘islas’ del habla leonesa corren el riesgo de desaparecer, así lo alertan los entendidos y así, en su día, lo consideró la Unesco.
Las nuevas generaciones reniegan del uso de las palabras de sus abuelos evitando, creen, caer en errores lingüísticos mal vistos entre la gente de ciudad. Palabras y expresiones que corren el riesgo de ser enterradas con los mayores de estos pueblos.
En estas zonas de Salamanca todavía cosen con ‘abuja’ y se les ‘desbarata’ la lavadora. Por la mañana se lavan la cara para quitarse las ‘lagañas’ en vez de las legañas y, en lugar de hablar de antes de ayer, se refieren a ‘antier’. En estas zonas les dan ‘aciburrios’ y no ataques y a los animales en lugar de matarles a golpes o pedradas les ‘acachinan’.
El bullicio castellano es el ‘bollicio’ de estos pueblos y, en ‘ivierno’ las caras, en vez de pálidas, se les quedan ‘esblanquinadas’ (o como dicen allí, ‘esblanquinás’).
‘¡To!’, si es por estas tierras que ‘entavía’ hacen ‘serano’ por las noches, tienen ‘cosquiñas’ y no cosquillas, se quedan ‘embaídos’ en lugar de embobados, ‘fisgan’ tras las puertas o ‘pechan’ el cerrojo.
Bien es cierto que los propios conservadores de la lengua leonesa en la provincia de Salamanca no son concientes de ello. Al margen de las zonas ya mencionadas -la Sierra de Gata y Las Arribes del Duero- en las que la lengua leonesa tiene todavía gran presencia aunque a duras penas, la Sierra de Francia constituye otra área con gran influencia del leonés en el castellano. E incluso, el resto del territorio salmantino (capital incluida), presenta un castellano salpicado de leonesismos.
En definitiva, que en Salamanca se ‘atrocha’ para llegar antes a un lugar, se ‘añusgan’ cuando se atragantan, ‘barruntan’ el mal tiempo o les entra el ‘andancio’.
No menos cierto es que, entre los mismos leoneses, palabras como ‘atrochar’ resultan desconocidas. De modo que es en los pueblos más pequeños donde aún se conserva el leonés más castizo, predominando incluso por encima del ‘castellanu’ (según algunos filólogos) como pasa en las dos comarcas salmantinas citadas, mientras que en las grandes urbes se ha dejado paso al castellano más puro.
El ‘asín’ tan reído, no es entonces una coz al diccionario, sino un resquicio de la lengua leonesa que se mantiene vigente en algunos rincones.