Messi se abraza a Bojan tras marcar, ayer, el primer gol del partido. A.E.
Ramón Toral Basilea
Da igual quién juegue. El Barcelona es una máquina perfectamente engrasada que funciona de maravilla aunque el técnico Josep Guardiola cambie algunas piezas del engranaje. El conjunto azulgrana se encuentra en estado de gracia y va lanzado también en la Liga de Campeones, donde ayer vapuleó en una nueva exhibición al líder de la endeble Liga suiza, el Basilea, que se llevó un 0-5 en su propia casa.
La enésima revolución del técnico catalán también funcionó en la ciudad helvética, donde el Barça logró su primera Recopa hace casi 29 años. Esta vez le tocó descansar a Iniesta, Henry y Eto’o, mientras que Bojan y Sylvinho estrenaron titularidad y Hleb volvió jugar de salida después de superar su lesión de tobillo.
Pero la alineación empieza a ser lo de menos. Cuatro minutos tardó el conjunto visitante en hacer el primero. Messi, siempre Messi, tenía mono de fútbol tras calentar banquillo en San Mamés y se apresuró a demostrarlo en la primera ocasión que tuvo.
En otro inicio fulgurante, que recordó al partido de Liga ante el Atlético de Madrid, el Barça se merendó al Basilea con dos tantos más en veinte minutos. A partir de ahí el choque ya no tuvo historia salvo la que imprimió el FC Barcelona, que marcaría dos goles más en Basilea, pero bien pudieron ser diez, sin exagerar.