La política estadounidense se ha convertido desde hace años en una discusión de dos temas fundamentales: la intervención del Gobierno en la economía y la intervención del Gobierno en las libertades ciudadanas. La dicotomía es sorprendente porque un partido cree en libertades personales y el otro en económicas.
Los demócratas propagan libertades individuales como la libertad de una mujer de elegir o terminar el embarazo y libertad de preferencia sexual incluyendo matrimonio, pero quieren una mayor intervención del Gobierno en la economía y en el reparto de riqueza entre ricos y pobres. A los republicanos les repugnan las libertades individuales.
Los demócratas protegen los privilegios de sindicatos de maestros y de obreros, no quieren reformas educativas ni competencia internacional.
Una victoria republicana, en manos del reformador McCain, mantendría la supremacía militar norteamericana, con todo lo odiosa que es para el resto del mundo; cabría una cierta esperanza en reducir el tamaño del Estado, pero menores de hacerlo con reducir el déficit fiscal, a menos que haya una gran reducción del gasto público.
Ninguno de los candidatos quiere aumentar el ahorro individual. Ninguno está ofreciendo lo que debería: una exención de impuesto para el ahorro y la inversión. Así que los norteamericanos seguirán consumiendo más allá de lo que ingresan.
Yo quiero ver un candidato, que promueva el ahorro, la moralidad como decisión individual, mérito al trabajo y libre comercio. No sé por qué en las democracias hay que votar por gente en lugar de por una lista escogida de ideas. Lamentablemente, la experiencia nos enseña qu0e las ideas tienen menos credibilidad que los candidatos.