No rompe por el momento el acuerdo con los navarros, sino que lo congela a la espera de que las tensiones en el partido de Sanz acaben en escisión
El unionista Carlos Salvador cumplió las recomendaciones de la dirección de UPN y se abstuvo en la votación de las enmiendas. efe
Agencias Madrid
No están los tiempos como para dilapidar el capital; ni el monetario, ni el electoral. Bien lo sabe el PP que, pese al desplante de uno de los dos parlamentarios de UPN, que finalmente hizo efectiva su amenaza y se abstuvo en la votación de las enmiendas a la totalidad a los Presupuestos para 2009, se limitó a castigar la rebelión con un gesto grandilocuente, pero tuvo buen cuidado de no dar por rota una alianza que tan buenos réditos les ha dado en Navarra durante nada menos que 17 años.
El formulismo adoptado por la formación de Mariano Rajoy consistió en anunciar la “suspensión” del pacto con los regionalistas justo después de que Carlos Salvador se saltase a la torera la disciplina parlamentaria de los populares. A través de un comunicado, los conservadores se encargaron de enfatizar que su disgusto es con la “actual” ejecutiva, lo que deja la puerta abierta a una futura recomposición del acuerdo suscrito por ambos partidos en 1991.
Tras dejar claro que su estrategia de futuro consiste en alentar la indudable escisión que se ha abierto en el seno de Unión del Pueblo Navarro, el PP señaló que “lamenta profundamente” las decisiones adoptadas por Miguel Sanz, jefe de la formación regional, que significan una “ruptura unilateral” de los acuerdos.
Ahora, al margen de rasgarse las vestiduras en un gesto más efectista que efectivo, Génova ya trabaja para intentar que el sector de los unionistas crítico con la dirección y que aboga por mantener la alianza se movilice para salvar el acuerdo o, como mal menor, haga efectiva una ruptura total y se desgaje del aparato liderado por Sanz, de modo que sirva a los populares para mantener una plataforma electoral en Navarra.
En tal sentido, la dirección nacional del PP, cuyas fuentes prefirieron permanecer en el anonimato, considera que la suspensión de relaciones decretada es una oportunidad para que la formación foral “reflexione con calma” y opte por volver al redil.
Eso sí, aunque la paciencia de los de Rajoy no parece tener fecha de caducidad, los dirigentes conservadores creen que la pelota está en el tejado de UPN, que es “a quien ahora corresponde manifestar su voluntad inequívoca sobre la continuidad del Pacto, así como ofrecer garantías para su pleno cumplimiento”.
Además, la cúpula del partido de Rajoy intentó dar la vuelta a la tortilla y manifestó que el “problema interno” lo tiene UPN, después de que uno de sus dos diputados haya respaldado las tesis del Grupo Popular, mientras el otro ha obedecido a Sanz.
Y lo cierto es que Cervera -el prófugo- no parece estar solo, puesto que la alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina, uno de los pesos pesados de UPN, ha mantenido discretas conversaciones con la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, en un intento por salvar el acuerdo.
Por su parte, el diputado díscolo, que calificó la decisión del PP de suspender las relaciones como “ponderada” e “inteligente”, justificó que él había votado en conciencia porque “tenía que decidir por el interés general” de su partido y en función del “mandato de los electores”, por encima de las órdenes del Consejo Político unionista.
Mientras, desde UPN se limitaron a pedir tiempo y, hasta que el lunes analicen la situación, fue Barcina la encargada de dar largas: “Estoy segura de que ambos partidos podrán seguir trabajando en un futuro”, fue su único comentario.