UNA IMAGEN Y 224 PALABRAS

Cuando el Ave era |
Los trenes de verdad llevaban gallinas. Y lechugas. Y cestos. Y mujeres capaces de colocar el cabás al hombro o de sujetar un balde lleno de ropa en su cabeza sin peligro de que se caiga. Aquellos trenes merecían hasta poemas por llevar campesinos viejos y mineros jóvenes. Hay hombres y mujeres a los que cruzabas por la ciudad y sabías que iban a coger el tren. Si venían cargados y en zapatillas volvían del mercado. Si caminaban con zapatos de charol que les hacen daño al caminar, la visita había sido a la consulta del médico; la temida visita, el primer paso para tener que abandonar la grasa, el vino y la morcilla. Verduras y paseo en el horizonte. Mala leche en la vida. Van desapareciendo los trenes viejos y van desapareciendo los leoneses viejos que se acercan hasta ellos con cestos, gallinas y cebollas. El Ave es hora el tren y hasta su puerta automática llegan cada día menos campesinos viejos y mineros jóvenes. Acceden gentes con traje y maletín que hablan eternamente por el móvil, han reservado el billete por Internet y no saludan a nadie; en el mejor de los casos hacen una leve inclinación de cabeza en la que es muy difícil intuir si no se conocen de nada o fueron novios en la Facultad. La gallina de antes es ahora Ave. |
![]() Mauricio Peña |
![]() Fulgencio Fernández |
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