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EL COLUMNISTA INVITADO / Agapito Maestre

Zapatero, al margen

España es más, muchísimo más, que Zapatero, pero hay ocasiones en que es menester asociar el nombre de este hombre a la nación española. Lo contrario sería poco realista y, sobre todo, poco inteligente. Una de esas tristes ocasiones es la que estamos viviendo: España no ha sido invitada a la cumbre del día 15 de noviembre en EEUU. Los españoles tienen sentimientos encontrados, aunque los más desarrollados políticamente hablando saben todo lo que encierra esa exclusión. Zapatero es el presidente de la misma por la voluntad de una mayoría de individuos que prefieren a alguien que está permanentemente dispuesto a convertir los compromisos de una nación con otras naciones en papel mojado.
A pesar de todo, soy de la opinión de que Zapatero consiga de aquí al 15 de noviembre asistir a esa cumbre. Pues si incluso Judas estuvo en la última Cena, nadie podrá despreciar la posibilidad de que Zapatero sea aceptado a participar en esta alta Reunión. Yo deseo tan fervientemente que sea invitado como ruego a la providencia que sea situado frente a una reproducción de ese famoso óleo inacabado de Gilbert Stuart, conservado su original en la Nacional Portrait Gallery, de Washington, que retrata al primer presidente de los Estados Unidos. Así, Zapatero tendría la oportunidad de examinar el rostro de George Washington y quizá supiera extraer de esa foto el alma, los principiosque aún siguen alumbrando a una gran nación.
Ojalá Zapatero consiga asistir a la Cumbre para aprender que también el rostro de un hombre es el espejo de su acción y moral política. Ojalá que algún asesor le pase a Zapatero el primer y el último discurso de George Washington. Son dos tratados de filosofía política recogidos en unas pocas páginas. Quizá del primero de los discursos, la primera alocución de 30 de abril de 1789, Zapatero consiga aprender que el hombre político tiene que ser consciente de sus propias limitaciones; del segundo, el discurso de despedida como presidente de la nación, basta con que, de vez en cuando, recuerde la siguiente frase: Tengo la norma, no menos aplicable en los asuntos públicos que en los privados, de que la mejor política siempre es la honradez.

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