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TRANSEÚNTES

Menú de caridad para personas sin recursos

En la plaza Puerta Obispo número 13 (junto a la Catedral) no falta, desde principios de 1900, un plato caliente para aquéllos que pasan necesidad

El comedor para las personas sin recursos económicos de la Asociación Leonesa de Caridad veinte minutos antes de abrir sus puertas. REPORTAJE GRÁFICO DE SECUNDINO PÉREZ

Isabel Herrera León
Alubias de primero y guiso de costilla con patatas de segundo. Ensalada de escarola y tomate para acompañar y, de postre, tartas y dulces variados. Este fue el menú del viernes en el comedor de la Asociación Leonesa de Caridad donde cada día alrededor de sesenta personas acuden en busca de un plato caliente.
Este servicio esta dirigido a personas sin recursos y se incluye dentro de los programas que la asociación ofrece a transeúntes. El servicio de comedor (con desayunos, comidas y cenas) se une el servicio de duchas, lavandería y ropero, el salón social con actividades socio-culturales y el departamento social. Este colectivo fue el origen de la puesta en marcha de la Asociación Leonesa de Caridad allá en 1906, cuando nacía con el fin de acabar con la mendicidad callejera, socorriendo a los inhábiles, procurando trabajo a los hábiles e instrucción a los pequeños.
Hasta este comedor se acercan cada día cerca de setenta personas, tal y como apunta el presidente de la asociación, Alejandro López Caride. Don Alejandro lamenta que el perfil del usuario sea cada vez más joven. Según los datos de la última memoria de la organización (referida al año 2007) se tratas fundamentalmente de varones de entre 29 y 48 años, con estudios primarios, baja cualificación profesional y que residen –las tres cuartas partes de los usuarios– en albergues (seguidos de transeúntes que duermen en la calle).
Entre las diferencias del nuevo año que se pueden avanzar, Don Alejandro confirma que la crisis económica que estos días ensombrece todas las informaciones y salpica a todos los sectores también comienza a dejarse notar en el comedor donde la afluencia de usuarios se ha visto incrementada notablemente en los últimos meses siendo además frecuente toparse con algún matrimonio, hasta ahora poco habitual, y gente que acude al comedor cuyo aspecto revela que viene (o va) de buscar trabajo.
El presidente distingue dos situaciones en las que enmarcar a los usuarios de este programa. Por una lado, ubica a los que cobren pensiones no contributivas que tienen que pagar una casa y no les llega el dinero para comer y por eso acuden al comedor. La otra realidad es la del transeúnte puro y duro.
A Don Alejandro no se le escapa que dentro de este mundo hay mucha picaresca, por ello, a los habituales se les realiza un seguimiento para averiguar si de verdad están tan falto de recursos como aseguran, conocer el entorno en el que viven, etcétera. Reconoce que muchas veces se trata de personas que se sumergen en el mundo marginal del cual es difícil ya que salgan, pero también es cierto que no todos, “algunos sí logran reinsertarse en la sociedad, de hecho, alguno ha venido por aquí una vez que ha encontrado trabajo, creado una familia y reordenado su vida para agradecernos nuestra ayuda”.
Este programa, que entienden aborda todas las carencias básicas de estas personas sin recursos, se marca unos objetivos que, aunque ambiciosos, no cejan de regir su trabajo. A corto plazo, que son los que se cumplen con mayor facilidad, pasan por satisfacer las necesidades de alimentación, higiene y vestido; evitar violencias físicas y verbales; informar de posibilidades de riesgo, e intentar que se tomen pequeñas responsabilidades (puntualidad en horarios, cuidar la tarjeta del comedor...).
Más a medio y largo plazo, tratan de regular su situación social (empadronamiento, documentación personal, solicitud de pensiones...), motivar de cara a la rehabilitación de adiciones, inserción laboral y búsqueda de vivienda fija, conseguir la autoestima a nivel personal, restablecer lazos familiares y facilitar la participación activa en la sociedad.
Explica Don Alejandro que, con el objeto de que aprendan a valorar lo que se les da, a aquéllos que pueden se les exige el pago de sesenta céntimos de euro a cambio del desayuno, la comida y la cena, “se trata más que nada de una entrega simbólica”.
Esta labor de caridad es posible gracias a la inestimable ayuda del equipo que compone esta asociación, un equipo formado por la junta directiva, la comunidad de Hijas de la Caridad, dos trabajadoras sociales, cinco cocineras y un nutrido grupo de unos ochenta voluntarios. Asimismo, cuentan con la financiación de subvenciones de la Junta de Castilla y León, el Ayuntamiento de León, la Diputación provincial y Caja España, así como con los donativos particulares y la cuota que aportan algunas personas.
Recursos humanos y financieros se entregan en cuerpo y alma al servicio de atención a transeúntes, así como al centro de acogida para mujeres víctimas de violencia de género o en situación de abandono y sus hijos, y al servicio de ayuda a domicilio para personas mayores y discapacitados.

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