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MEMORIA HISTÓRICA / Se atrevió a criticar el nazismo en 1942

Conspiración franquista contra el obispo leonés de Calahorra

Un libro reivindica el honor de Fidel García al que el régimen obligó a dimitir acusándolo de mujeriego

El prelado de Calahorra en el año 1953. www.bermemar.com

L.C. León
Fidel García Martínez nacía en 1880 en la localidad leonesa de Soto y Amío en el seno de una humilde familia. Estudió en el seminario de Comillas donde permaneció 14 años hasta su ordenación con las más altas calificaciones. Una conspiración contra su persona logró ensuciar su nombre relacionándole con escándalos de faldas y cargándole el sambenito de lujurioso.
Así ha pasado a la historia el nombre de este leonés que estuvo al frente de la diócesis de Calahorra entre 1921 y 1953 y que, junto al cardenal primado, asumió la representación oficial de España en el Congreso Eucarístico de Chicago de 1926 un año antes de ser nombrado obispo residencial de la diócesis calagurritana.
Su pastoral ‘Sobre algunos errores modernos’, inspirada en la encíclica del Papa Pío XI ‘Mit brennender sorge’, en la que se atrevió a criticara Hitler nada menos que en el año 1942 en un momento en el que el Franco apoyaba a los nazis, le enemistó con el Gobierno y desató una campaña de desprestigio por parte de la policía política del caudillo con la difusión de rumores que situaban a don Fidel en Barcelona junto a señoritas de vida libidinosa. Así lo desvela Antonio Arizmendi, hijo del abogado de la Diócesis de Calahorra cuando Fidel García Martínez fue apartado de ella y que ha sido magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, en el libro ‘Conspiración contra el obispo de Calahorra. Denuncia y crónica de una canallada’, con el que trata de reivindicar la dignidad y honorabilidad del prelado.
Los crueles inventos de los franquistas difundidos boca a boca y a través de publicaciones pronazis, llevados al paroxismo en los en los mentideros del régimen, llegaron a situar a Fidel García en orgías en Barcelona, burdeles de París o con una morena y una rubia colgadas de sus brazos en Sevilla.
El 28 de agosto de 1952, el arzobispo de Barcelona recibió un “reservadísimo” informe sobre la moralidad de Fidel García, que según el autor del libro, era falso de toda falsedad, e invitó al obispo calagurritano a defenderse de los infundios que contenía.
El prelado, seguramente consciente de su impotencia ante una campaña que había llegado incluso al gran parte del pueblo llano, que disfrutaba con el morbo de las acusaciones, se negó a defenderse de las maldades de que era objeto y renunció a la diócesis en 1953.
A la feroz villanía sucedió el silencio. En 1964 el Servicio de Información Militar (SIM) informa a Franco de que la campaña contra el obispo calagurritano es un montaje de la policía política y otros organismos de las cloacas del Estado franquista. El dictador, según Antonio Arizmendi,responde con un “esto cuando más tarde se sepa mejor” y ordena que se ofrezca al prelado alguna forma de rehabilitación que oculte el escándalo.
Fidel García, que tenía entonces 85 años, viejo y cansado, rechazó la oferta y, según el autor del libro, prefirió sufrir su destino como un martirio.
Martirizado lo fue, ante la indiferencia de sus colegas obispos de entonces, e ignorado por la Conferencia Episcopal después, según Antonio Arizmendi, quien durante años ha pedido a los prelados españoles la repulsa de las insidias franquistas contra su colega y un gesto de reivindicación de su honor y su fama.
Arizmendi asegura que este vergonzoso asunto ha llegado incluso al Vaticano, cuyo camarlengo fue durante años el cardenal Eduardo Martínez Somalo, riojano y alumno del seminario de Logroño que el propio Fidel García impulsó y en cuyo sótano está enterrado.

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