Que el pan nuestro de cada día empieza a estar duro y escaso ya nadie lo duda, que el futuro inmediato es incierto, resulta patente. Por ello deberíamos entre todos, sin excepciones, poner todo de nuestra parte para que aun siendo la realidad la que es, no parezca tan dramática. Se hace preciso e imperativo predicar optimismo, ver la botella medio llena, intentar al menos generar esperanza. Estoy convencido que hoy por hoy a nadie le apetece escuchar improperios, descalificaciones, y mucho menos cuando esto no tiene la más mínima justificación. Se puede, y es lícito atacar políticamente a Zapatero desde la oposición, pero ahora lo que nos interesa a todos, rojos, azules, violetas o de cualquier color, es que nuestra clase política demuestre que entiende cuáles son sus responsabilidades, las que los ciudadanos le confirieron, y obren en consecuencia predicando con el ejemplo, mostrando que los intereses partidistas quedan aparcados mientras la situación social y económica no recobre tintes de normalidad. Demostrando que ellos son los primeros en apretarse el cinturón hasta alcanzar cintura de avispa, pues de poco servirá pedir paciencia y continencia a los administrados, si éstos no se convencen de que esta situación de crisis afecta a todos por igual, y por tanto, a todos corresponde afrontarla y combatirla. Pero eso sí, exigiendo a cada cual según sus posibilidades. No son suficientes los gestos, la situación necesita de hechos tangibles.