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LUCHA POR LA CASA BLANCA / Los estadounidenses deciden su futuro

Días de auténtico infarto y de unos gastos récord

La campaña de los comicios norteamericanos se acerca a su fin con una recaudación millonaria que la convierte en la más cara de la historia del país

El próximo martes, los norteamericanos elegirán al sustituto de George W. Bush, que dejará la Presidencia el 20 de enero. Brian Snyder (reuters)

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Teresa Bouza (Efe) Washington
Las elecciones presidenciales de EEUU se acercan a la meta tras casi dos años de campaña, unas primarias de infarto y con recaudación y gastos récord, que convertirán a esta contienda en la más cara de la historia del país.
El Center for Responsive Politics, un centro de estudios con sede en Washington, dice que el coste de los comicios rondará los 2.400 millones de dólares. Si a eso se suma el dinero gastado en las campañas paralelas, como las legislativas (el 4 de noviembre se renovará la Cámara de Representantes y un tercio del Senado), la factura podría subir hasta los 5.300 millones de dólares.
Atrás, muy atrás ya, quedan aquellos pronósticos de 2007, cuando los gurús vaticinaban que la demócrata Hillary Clinton y el republicano Rudy Giuliani se alzarían triunfales en la primera ronda.
Giuliani se distinguió por su atípica apuesta, que desdeñó a los dos estados que dieron el pistoletazo de salida el pasado enero al proceso de primarias, Iowa y Nuevo Hampshire, y favoreció a otros de mayor tamaño como Michigan, California, Illinois, Nueva York y Florida.
Sus cálculos resultaron erróneos y los decepcionantes resultados en las primarias de Florida, en las que el ex alcalde neoyorquino acabó tercero, propiciaron su temprana claudicación en febrero.
Bien distinta fue la pelea librada por la ex primera dama Hillary Clinton y el senador Barack Obama, que se saldó finalmente a favor de este último en junio, cuando el político puso punto final a una lucha que dejó al partido temporalmente dividido.
En el frente republicano, John McCain selló su carrera hacia la Casa Blanca el pasado marzo, en unas primarias en las que se impuso por su perfil moderado e independiente.
El arranque de la campaña propiamente dicha, en junio, centró la atención en Obama y McCain, que empezaron a perfilar las líneas maestras de su estrategia para la victoria el 4 de noviembre.
El demócrata remarcó su mensaje positivo de cambio, y el negativo de su rival, como ocho años más de las políticas fallidas del presidente Bush.
El candidato republicano, por su parte, trató de afianzar su fama de rebelde, un político heterodoxo dispuesto a plantar cara al partido en temas como el medio ambiente, la tortura o la reforma migratoria. Además, centró su mensaje anti-Obama en la falta de experiencia del bisoño senador por Illinois, 25 años más joven que él.
A finales de agosto llegaron las convenciones, en las que Obama acudió acompañado de su compañero de fórmula, Joe Biden, un senador veterano que le aporta las canas que él no tiene.
McCain, mientras tanto, presentó en sociedad a su pareja política, la desconocida gobernadora de Alaska Sarah Palin, una bomba de relojería que parece haberle hecho más daño que bien. La elección supuso una concesión al ala más derechista del partido, ante la que el senador ha ido torciendo el brazo de forma progresiva en temas como la política fiscal y la reforma migratoria.

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