Carpo, que perdió una pierna en la mili, todo un personaje en Tolibia
‘Carpo’ Suárez González y su hermana Carmina en la cocina de su casa en Tolibia. MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández Tolibia
Cuando me iba a bañar a un pozo del río, me quitaba la pata de palo y la dejaba en la orilla era un espectáculo, iban todos los chavales a mirar”. Lo cuenta Policarpo Suárez, Carpo el de Tolibia, toda una institución en el valle y seguramente el personaje más conocido del mismo, después de la famosa historia de la ‘Casa de los Duendes’.
— Cada vez se habla menos de los duendes, ya fue hace tanto tiempo. Yo recuerdo cuando nos lo contaba mi madre, Celedonia, que escuchábamos como en misa aquellas historias delas vacas que aparecían atadas de dos en dos en el mismo pesebre y con una sola cadena, que no se lo haces ni por las buenas ni por las malas, o cuando subieron al pajar pese a que por los huecos existentes era imposible que entrara una vaca.
Una vieja historia, controvertida. Pero también Carpo, un tipo que hace bromas hasta con su pierna, tiene una historia muy curiosa, la de un personaje que llegó a ser una referencia en la comarca del alto Curueño, donde vivió siempre con su hermana Carmina y ejerció oficios bien diversos, como ganadero, zapatero artesano y, sobre todo, cantinero.
La parte menos agradable de su historia, llena de anécdotas, coincide con su mocedad, cuando fue destinado a hacer el servicio militar en Calatayud. “Tuve un golpe en la pierna, decían que no era nada, me dieron unas pomadas y poco más”.
Y lo que no era nada se convirtió en que perdió la pierna. “Me salió una cosa mala, se fue liando y al final me tuvieron que cortar la pierna para que la cosa no fuera a mayores”.
“No vio ni un duro”
Y ahí acabó sus historia militar, en un olvido increíble. “No se acordaron de él para nada, jamás sacó ni una gratificación, ni un duro, nada. Resultó que no aparecía apuntado en ninguna parte...” explica su hermana Carmina mientras Carpo le quita hierro al asunto. “Yo me arreglaba bien con esta pata de palo, subía al monte a por las cabras como si tuviera las dos piernas”. Alguna vez fue detrás de sus rebaños por los montes de la comarca hasta pueblos bastante lejanos, como Genicera, “allá para la Mediana”.
Y es que aquella pierna no le impidió a Carpo llevar una vida absolutamente normal. No sólo tenía ganado, también era el zapatero más buscado de la comarca. “Todavía viene por aquí gente que tiene botas que le hice yo. Eran eternas, algunas había que volverlas a coser pero era difícil acabar con ellas aunque anduvieran por la nieve, por el monte, por donde fuera”.
Medio Curueño utilizó calzado que les hizo Carpo, pero aún máspasaron por su cantina. Un santuario de la buena comida y la mejor conversación. “Las tertulias en invierno se podían hacer eternas, hasta el amanecer”.
Y a buen precio, hasta el punto que cuando les llegó la hora de jubilarse y seguían con la cantina abierta, “por estar entretenidos”, les denunciaron, “para que no compararan los precios”.
Ahora, con 77 años, le han operado ‘la pierna buena’ y poco a poco va saliendo adelante. Con mucha fuerza de voluntad. “Si me arreglé para andar con la que perdí no me voy a arreglar con ésta que todavía la tengo”.
Seguro que sale adelante. Menudo es Carpo.