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DISTINCIÓN / Entrega de la Medalla de Oro de la Provincia a Antonio Gamoneda

Una deuda saldada

Gamoneda considera compensada con la medalla la pérdida de la plaza de funcionario que sufrió

Antonio Gamoneda muestra, orgulloso, la distinción que le fue entregada ayer. secundino pérez

Ángel de Jesús León
Quizá, en estas circunstancias, lo más oportuno sería que yo pronunciase una sola palabra: gracias. Y que fuesen ustedes mismos quienes, adivinando la multitud de sus contenidos y de sus pronunciamientos y sentidos, determinasen la carga semántica, sentimental y afectiva, que las origina”. Con estas palabras de gratitud comenzaba ayer el poeta leonés y Premio Cervantes de 2006, Antonio Gamoneda, su discurso en el acto en el que la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, le entregó ayer la Medalla de Oro de la provincia.
“Pero no puedo ganarme una tan hermosa y significativa distinción de una manera tan fácil, pues pienso que todavía estoy en un terreno en el que es necesario hacer algunos merecimientos, porque bien puedo estar escaso de ellos”, continuó diciendo. Al tiempo, Gamoneda destacó que las palabras del acta leídas por la secretaria de la institución provincial y las pronunciadas por la presidenta de la Diputación se habían referido “con generosidad” a su creatividad literaria “mediana, queriendo ser buena pero, seguidamente consiguiéndolo” y a algo que no tenía previsto, a sus desempeños y trabajos en la Diputación, al respecto de los cuales abundó en la parte final de su alocución.
El poeta consideró que la concesión de esta distinción hecha por todos los leoneses, a través de sus representantes políticos, “es mucho peso en mi corazón, pero trataré de soportarlo”. Los leoneses, continuó diciendo, no se dan cuenta de que “yo les debo esta medalla, no sólo por que me haya sido entregada por sus representantes, sino por otras cosas”. Así, señaló que es en la relación con los leoneses, en el espacio geográfico de su paisaje y en la temporalidad que le tocado vivir con ellos, “donde y con qué se ha formado mi escritura poética. Por tanto, lo que quiero decir es que debo a León y a los leoneses lo queconsidero que es más mérito y surte más definitivamente de ellos que de mí”, hasta el punto de que “la poesía, si bien se manifiesta en una subjetivación individual, que es la mía es el lugar de manifestación que en mi escritura corresponde al hecho existencial de un nosotros amplísimo: todos los leoneses”.
“Gracias, muchas gracias, únicamente dos sílabas, pero yo quería decir algo de lo que llevan consigo y que perdieran la condición individualizada, egolátrica que pueden tener”, dijo Gamoeda, a la par que detalló que “mi poesía no sería posible sin ustedes, por lo que es tanto de ustedes como mía”.
Después, hizo referencia a su etapa al frente del área cultural de la Diputación y a la pérdida de la plaza de funcionario que sufrió. Pero antes de ello, aseguró, dirigiéndose a Carrasco, que “no sólo la medalla es de oro, sino tambiénsus palabras, porque he advertido en ellas el reconocimiento de un esfuerzo que quizá no tuvo el devenir más grato, pero que ahora ha sido restablecido y recompensado en su totalidad” por ambas cosas.
“Como todos los días son buenos para la verdad o la verdad es buena para todos los días, como prefieran, vamos a hacer de hoy un día para algunas verdades que quiero decir porque van a completar el sentido de la medalla y de las palabras de la presidenta”, dijo Gamoneda, quienrecordó que fue llamado por la Diputación en 1969 para crear y dirigir el, hasta entonces, inexistente servicio cultural. Pasados siete u ocho años, desde la Corporación provincial se consideró que Gamoneda debería pasar a ser funcionario.
De esta forma, presentó la documentación que se le requirió en el concurso oposición, que fue mejor valorada que la de otro aspirante que presentó “medios folios escritos con la misma máquina de escribir, sin estampilla o sello acreditativo y que tenía consigo aspectos que los hacía, para el tribunal, incompatibles, por estar la misma persona en dos sitios diferentes en las mismas fechas. La resolución del concurso a favor de Gamoneda provocó la interposición de un recurso por parte del otro aspirante en la Audiencia territorial de Valladolid. Y ésta le dio la razón. El fundamento, según apuntó Gamoneda, que dijo acatarla pero la consideró “pintoresca”, fue que en uno de los documentos que presentó el hoy premio Cervantes faltaba el sello de caucho. Por ello, al haber “defectos de forma en ambas documentaciones” se consideraban válidos todos los papeles.
Se daba el caso de que el otro aspirante era pariente próximo del entonces presidente y del jefe de personal de la Diputación y de que el letrado de la Corporación “ni documental ni personalmente hizo presencia en la Audiencia”.
Gamoneda aclaró que no se le privó de la condición de funcionario por no tener título académico, como se difundió. E insistió en que la medalla ha solucionado y cancelado con creces cualquier motivación para sentirse moralmente desatendido por la Diputación.

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