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RADIOAFICIONADOS

Caballeros de las ondas

León conserva aún viva la afición a la radio. Dos asociaciones continúan comunicando y experimentando con las ondas hercianas

Estación de un radioaficionado leonés.

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Isabel Herrera León
El verdadero aficionado es el que siente la radio. Comunicar y experimentar con las comunicaciones de toda índole haciendo uso de las ondas hercianas son las finalidades de la radioafición y la motivación de sus seguidores. En León este entretenimiento se mantiene vivo y, aunque las nuevas tecnologías de la comunicación y la información han hecho caer la afición, la radio continúa siendo un básico que sigue atrayendo adeptos y, además, los avances técnicos también se han aplicado a este sistema de comunicación que da sustento y emplea estos nuevos medios. El famoso ‘messenger’ de hoy encuentra su origen en las tertulias entre colegas a través de la radio de antaño.
León cuenta con la actividad que promueven las asociaciones de radioaficionados: Radioclub U-30 y la Asociación de Radio Operadores Tinge.
La radio fue la primera en lograr romper las barreras de la distancia, en comunicar dos puntos distantes y ha ido evolucionando con los tiempos sumando a la lista modalidades o especialidades para hacer radio pues de la primitiva telegrafía se ha pasado a la comunicación vía satélite pasando por los teletipos mecánicos y electrónicos, facsímil o transmisión de mapas y dibujos, televisión, rebote lunar, microondas, comunicaciones digitales o el particular internet vía radio. Todas estas modalidades (operadas en un extenso abanico de frecuencias) permiten un amplio panorama de actividades dentro de la radio.
El requisito básico para hacerse radioaficionado es tener 13 años, edad mínima exigida para poder obtener la licencia o diploma de operador de radioemisoras de quinta categoría.
Existen tres tipos de licencia y diploma: Clase A o general, Clase B o restringida y Clase C o de principiante. El primero exige haber sido titular de una licencia de clase C durante al menos seis meses y justificar a través de una fotocopia compulsada del libro diario el hacer realizado un mínimo de 75 enlaces, de los cuales 50 tienen que ser con estaciones extranjeras.
El diploma se consigue mediante una prueba de suficiencia sobre conocimientos de electricidad y radioelectricidad para operar en una estación de radioaficionado, con conocimientos de la normativa en general referente a las estaciones de aficionado, prueba práctica o teórico-práctica de manejo de una estación y una prueba de transmisión a mano y recepción auditiva de un texto en código telegráfico Morse para aquéllos que opten a la clases C y A, a una velocidad de ocho y doce palabras por minuto, respectivamente.
Una vez obtenido el diploma de operador, los interesados en tener la licencia de estación de aficionado deben solicitar al director general de Telecomunicaciones la correspondiente autorización para el montaje de la estación adjuntando el justificante que acredite la posesión del diploma así como una memoria descriptiva de la estación a instalar que, una vez obtenida la autorización para el montaje deberá llevarse a cabo en un plazo de tres meses y contar con el seguro pertinente.
Toda estación de radioaficionado ha de disponer de un libro diario en el que se anotan las horas de emisión, frecuencias empleadas y distintivos de todos sus corresponsales. Asimismo, será en este libro diario donde se anote toda modificación que se realice en la estación.
Por otro lado, al tiempo que se obtiene el permiso para instalar la estación se hace entrega al radioaficionado de su indicativo, el DNI del operador, oficial, único e intransferible. Este indicativo empieza por las letras EC, EB o EA en función al tipo de licencia. A continuación aparece un número que depende de la zona geográfica –en este caso, León pertenece a la zona 1– y, despues, dos o tres letras que serán las que identifiquen plenamente al radioaficionado pues únicamente él las tendrá dentro de su zona. La 1, en la que se integra León, comprende Galicia, Asturias, Catabria y Castilla y León.
Pero además de estas exigencias técnicas, hay que cumplir con un código ético implícito en este mundo. El radioaficionado debe ser un caballero desde el mismo instante en que pone en funcionamiento su estación de radio. Consideración, lealtad, disciplina... son algunas de las cualidades tácitas que se esperan de quienes operan en las ondas.
El radioaficionado está ligado, además, a labores de socorro aunque en los últimos tiempos estas actividades han quedado en manos de los servicios de Protección Civil de los ayuntamientos. Aun así, prácticamente todos los radioaficionados están integrado en la Red de Emergencias de Protección Civil (Remer) que se activa mediante un protocolo determinado en caso de grandes catástrofes.

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