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‘AMANCIO ORTEGA, EL HOMBRE QUE CREÓ ZARA’

El imperio nació en Busdongo

El hombre más rico de España habla por primera vez de su pasado leonés

Amancio Ortega, en una foto de archivo.

L.C. León
Es el hombre más rico de España, pero no siempre vivió entre algodones. Amancio Ortega, creador del imperio de Zara nació, de casualidad, en la localidad leonesa de Busdongo. De casualidad porque a su familia nada le vinculaba a León, tan sólo el destino temporal de su padre, ferroviario. “Mi padre ganaba trescientas pesetas. Y no me digas que para esa época no estaba tan mal, porque ni entonces ni ahora aquello daba para vivir a una familia. Éramos tres hermanos: Antonio, el mayor; Pepita, la única chica, y yo, que era el pequeño, con ese sueldo nunca llegábamos a fin de mes”. Así lo recoge Covadonga O’Shea en su libro ‘Así es Amancio Ortega, el hombre que creó Zara’.
En su pueblo natal no le han perdido la pista. En el bar todavía se acuerdan de él, o más bien del paso de la familia por el pueblo a la que han seguido posteriormente a través de las revistas pues una fortuna como la de Amancio Ortega no se amasa así como así. “No han vuelto a venir por aquí”, cuentan quienes coincidieron con los padres del empresario.
En Busdongo de Arbás, su padre que “era ferroviario, nativo de Valladolid” estaba destinado “en este pequeño pueblo como montador de enclavamientos, que suponía vigilar el buen estado de las agujas y vías, algo que ejercía con verdadera exactitud”, relata Ortega con orgullo. Y la puntualidad que caracteriza al empresario es herencia de su padre al que debe, indica, muchas de las cosas que sabe.
Fueron pocos los meses que Amancio Ortega pasó en este pueblo de la vertiente sur de puerto de Pajares. De allí se marcharon a tierras vascas, y más tarde, a A Coruña.
Sus comienzos en el mundo laboral comienzan en la camisería Gala. Amancio era el chico para todo: “Lo mismo limpiaba la tienda que hacía recados o atendía en el mostrador cuando había mucha urgencia”.
Ahora es el dueño de Inditex y ha abierto más de 3.000 tiendas en el mundo. Si hay un adjetivo con el que la gente coincida al referirse a él es el de trabajador. Siempre tuvo buen ojo para el negocio y así lo ha demostrado.
Su éxito empresarial comenzó a gestarse en 1963, cuando con un préstamo de 2.500 pesetas creó su propia empresa, GOA Confecciones, nombre que salió de las iniciales de su nombre y del de su hermano (Antonio) a la inversa. empezaron trabajando en un modesto taller. Ya desde el principio las ventas le fueron bien y, los beneficios se fueron invirtiendo.
En ningún momento descuidó el negocio y apostó por su crecimiento y expansión. Diez años después de abrir el taller la empresa contaba con más de medio millar de trabajadores, “había absorbido las operaciones de aprovisionamiento y distribución y había contratado un equipo de diseñadores”, se cuenta en el libro. El siguiente paso era inmiscuirse en la única fase de la cadena aún sin tocar, la de la distribución minorista. Y aquí nace Zara.
Fue en el año 1975, y en A Coruña, cuando tuvo lugar la apertura del primer local de Zara. Y con él nacía un concepto de negocio hasta entonces desconocido en España, la integración vertical de todo el proceso textil.
Cuenta Amancio Ortega que volvió por Busdongo cuando su empresa abrió la primera tienda en Oviedo. La describe como “una aldea muy pequeña con cuatro casas”. “Pregunté a la gente si se acordaban de mis padres, aunque a mí no me conocieron, es normal. En otra ocasión que pasamos por un pueblo de León haciendo el Camino de Santiago nos vieron y sólo comentaron: ‘Estos no son tan señoritos’ –comparándolos con otro peregrino seguido de paparazzi–. Yo sería incapaz de algo parecido, todo lo contrario, vivo feliz siendo uno más”, explica Ortega.
Este hombre se muestra humilde, trabajador, sencillo, un empresario que se ha hecho a sí mismo, que ha tenido que luchar por lo que tiene y que, en su día, pasó sus aprietos. Al menos sus padres no vivieron siempre a cuerpo de rey aunque Amancio siempre podrá presumir de haber hecho feliz a su madre cuando la llevó a Marbella en su avión: “Me miraba con esa admiración que sólo una madre puede expresar”.

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