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TERRORISMO

Desvelan que ‘Txeroki’ fue el asesino de Capbreton

Rubalcaba explica que sospechó de los dos guardias civiles y los mató

El bar Aita Semeak, en Bayona, fue uno de los escenarios donde ayer tuvieron lugar las detenciones de ocho integrantes de Batasuna. j. herrero (efe)

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Agencias Madrid
El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, se encargó ayer de despejar las pocas dudas que quedaban respecto al máximo responsable del recrudecimiento en la actividad asesina de ETA. Para confirmar lo que eran ya mucho más que sospechas, el socialista declaró sin matices ni condicionales que Garikoitz Aspiazu Rubina, alias Txeroki, no solo es el jefe militar de la banda, sino que, además, ejerce de pistolero, hasta el punto de que fue uno de los tres terroristas que tirotearon mortalmente a los guardias civiles Raúl Centeno y Fernando Trapero en la localidad francesa de Capbreton el 1 de diciembre de 2007.
La fuente del titular de Interior deja pocas dudas, puesto que fueron los miembros del renovado y ya desarticulado comando Nafarroa quienes confesaron que Txeroki presumió personalmente delante de ellos de haber apretado el gatillo.
El ministro explicó que dos de los integrantes del Nafarroa confirmaron en sus declaraciones a la Policía que viajaron a la localidad francesa de Hendaya para ser instruidos en el uso de armas y explosivos por el máximo responsable de los atentados de la banda, que, de su propia boca, les narró el doble asesinato.
Según el relato de Aurken Sola Campillo y Xabier Rey Ugarteque, fue Txeroki el que sospechó que los dos jóvenes que se sentaban cerca de él en la cafetería eran miembros de las Fuerzas de Seguridad y el que trasladó sus temores a sus dos acompañantes, que, supuestamente, eran Saioa Sánchez y Asier Bengoa, detenidos cuatro días después.
Entonces, siempre según habría confesado Aspiazu a sus aprendices, esperaron a los dos guardias civiles en el exterior del establecimiento hostelero, abrieron su coche para comprobar que sí eran miembros de la Benemérita y les ejecutaron.
Rubalcaba, que no pudo o no quiso dar detalles sobre los objetivos del abortado comando Nafarroa, sí admitió la falta de profesionalidad que demuestran algunas peculiaridades del modus operandi de los terroristas en el atentado del pasado jueves en Pamplona, como la adquisición de un teléfono móvil a un delincuente común, o la circunstancia de que el relatado cursillo tuviera lugar tan cerca de la frontera española y se impartiera en un piso que había proporcionado una colaboradora del propio comando.
Sin embargo, avisó de que ello no resta capacidad destructiva a la banda, ya que “se puede ser profesionalmente malo y un asesino implacable”. “Cuanto más débil está uno, puede estar más tentado de hacer barbaridades”, concluyó el ministro.
Sin salir de Madrid, la Audiencia Nacional también centró ayer la actualidad de la lucha antiterrorista, puesto que allí declaró el ex número uno de ETA Eugenio Etxebeste, Antxon. El histórico asesino aseguró ante el juez Fernando Andreu que los Servicios de Inteligencia españoles, y no la propia banda, fueron los responsables de la desaparición en 1972 del ex jefe político-militar de la organización criminal Eduardo Moreno Bergareche, Pertur. En absoluta contradicción con lo que había declarado la víspera el ex preso Juan José Gurruchaga, que culpó a sus compañeros del final de Pertur, Antxon proclamó que los espías “mataron dos pájaros de un tiro”, ya que, por un lado, acabaron con una persona cualificada y, por otro, incrementaron más las posibles “divergencias políticas” entre dos sectores de la banda. “El Estado ha utilizado cualquier arma para golpear e intentar desestabilizar y deshacer nuestra estrategia como pueblo”, justificó el asesino ante los periodistas.

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