La elección de Barack Obama como nuevo presidente de los Estados Unidos ha generado grandes expectativas en todo el mundo. Sus ideas y su imagen personal están concitando un apoyo masivo a su proyecto para la primera potencia del mundo. Obama se deberá centrar, en primer lugar, en la crisis económica de su país, la mayor desde el crack de 1929, y, como nuevo líder mundial, asumir decisiones importantes en los conflictos de Irak y Afganistán. España, tras más de cuatro años de fría relación con la Administración estadounidense de George W. Bush, quiere encontrar “un amigo y aliado fiel”, como dijo ayer Zapatero. Esta vez, el presidente del Gobierno ha acertado en su pronóstico. Aunque Obama mire más hacia la economía doméstica de su país, cualquier decisión afectará a España, que está padeciendo también las consecuencias de la crisis. En el plano internacional, Irak fue el origen del gran desencuentro entre los gobiernos de ambos países, pero ahora Afganistán puede servir de punto de partida de un nuevo tiempo en relaciones bilaterales. Unas y otras razones muestran que la elección del líder demócrata no es ajena a España. Zapatero está obligado a buscar un acercamiento con la nueva Administración de la Casa Blanca. La cumbre financiera internacional de Washington, el próximo 15 de noviembre, podría ser el escenario del primer saludo entre ambos, en caso de que Zapatero sea finalmente invitado y de que Obama acuda a la cita como presidente electo. Zapatero ha estimado que Obama abre “un nuevo periodo de esperanza” para el mundo en un momento decisivo, cuando es necesario unir esfuerzos ante la crisis financiera internacional. Los errores del pasado, de unos y otros, son ya historia.