Entre sus objetivos estaban también los miembros de todos los cuerpos de seguridad que operan en Navarra
El último atentado de ETA tuvo como objetivo el Campus de la Universidad de Navarra. efe
F.E. Madrid
El Gobierno sabe que la eficacia de la lucha policial contra ETA es uno de los pocos caballos ganadores de su actual política, muy minada por la crisis económica. Por ello, en una táctica informativa que parece pretender alargar la sensación de éxito y multiplicar las ruedas de prensa que permiten el lucimiento, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, compareció ayer ante los medios de comunicación para explicar nuevos detalles sobre los planes y movimientos del reconstruido y ya desarticulado comando Nafarroa. Si la víspera el socialista había confirmado que dos de los cuatro arrestados se reunieron en Francia con el jefe del aparato militar de la banda, Garikoitz Aspiazu, alias Txeroki, ayer detalló que entre los objetivos contra los que tenían previsto actuar, había “civiles”. Además, el ministro aseguró que los terroristas disponían de abundantes datos sobre todos los Cuerpos policiales que trabajan en Navarra. Es decir, tanto los policías locales, como los autonómicos y los agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional, estaban «a todos los niveles» entre las posibles víctimas de futuros atentados.
Además de los servidores de la ley, Rubalcaba aseguró que también barajaban atacar a ciudadanos civiles, aunque, eso sí, no quiso dar más datos respecto a las identidades de los afectados.
“Tienen nombres y apellidos, caras y ojos, y seguro que no les gusta en absoluto salir en los periódicos”, justificó el titular de Interior, antes de asegurar que los arrestados –Aurken Sola Campillo, Xabier Rey Urmeneta, Sergio Boada Espoz y Araitz Amatria Jiménez– estaban “listos y dispuestos” para asesinar, lo que demuestra que la desarticulación del comando Nafarroa fue “una actuación preventiva” con la que se ha conseguido evitar “mucho dolor y mucho sufrimiento”.
De hecho, en el auto en el que decretaba la prisión incondicional para el cuarteto, el juez Grande Marlaska aseguro que, en el momento de su detención, los terroristas disponían de “dos revólveres y su correspondiente munición, varios temporizadores, pentrita, cordón detonante, polvo de aluminio, nitrato amónico, una sustancia que podría ser nitrometano, sistemas para la fabricación de bombas lapa y material informático”.
El magistrado también recogió las confesiones de dos de los encarcelados, que relataron cómo fue su reunión con Txeroki, que se habría producido a plena luz del día y a cara descubierta en un puesto de la Cruz Roja cerca de la playa de la localidad francesa de Hendaya, muy próxima a la frontera española.