La Policía arresta también a su guardaespaldas, ya que su hombre de confianza le ayudó a llegar a Francia. La empleada pública agilizó el pasaporte
A.G. Madrid
Sin duda la realidad supera con frecuencia a las más inverosímiles ficciones, pero muy raramente los hechos verdaderos pueden competir en espectacularidad con sus correlatos cinematográficos. Por ejemplo, el celuloide suele presentar a los mafiosos equiparables al ex abogado José Emilio Rodríguez Menéndez como individuos llamativamente vestidos y rodeados de una cohorte de matones temibles y bien armados que protegen a su jefe en incontables tiroteos y persecuciones.
Sin embargo, lo cierto es que la rocambolesca fuga del letrado, que se escapó de la cárcel mientras disfrutaba de un permiso penitenciario y consiguió salir de España para disfrutar de unas inmerecidas vacaciones en Sudamérica, no tiene apenas nada de sorprendente ni de glamuroso.
Más bien todo lo contrario, como pudo comprobar la Policía ayer tras detener a las dos personas que colaboraron en la evasión del polémico instigador del vídeo sexual protagonizado por el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez.
Los cómplices son una funcionaria pública que le facilitó la obtención del pasaporte en el Centro de Documentación de Españoles de la calle Santa Engracia de Madrid y la persona que trabaja como acompañante y guardaespaldas del prófugo, que fue quien le trasladó hasta Francia.
La funcionaria, A.L.A.A., se encuentra en la actualidad adscrita a la Comisaría del distrito capitalino de Moncloa-Aravaca, pero, según reconoció en su declaración, se identificó en las oficinas policiales de Santa Engracia como “funcionaria compañera” para lograr que Rodríguez Menéndez pudiera realizar los trámites necesarios para la obtención del pasaporte sin necesidad de concertar cita previa, como sí deben hacer el resto de ciudadanos.
Los vínculos de la detenida con el abogado se deben a que ha trabajado como secretaria, de manera esporádica, en los despachos que el letrado tiene abiertos en las calles Orense y General Perón, de la capital española.
El segundo capturado, que responde a las iniciales D.M.R., ejerce de forma permanente como hombre de confianza y protector de Rodríguez y ha pasado por el calabozo bajo la acusación de conducir el automóvil que llevó al huido hasta Francia, país desde el que comenzó su periplo sudamericano.
El arrestado reconoció todos estos hechos y además admitió que conocía la intención de su jefe de sustraerse a la acción de la Justicia, pese a lo cual colaboró en sus planes. Así, D.M.R. acompañó al otrora letrado en el viaje en tren hasta Barcelona y luego en un automóvil particular hasta la frontera gala. Además, asesoró a su protegido sobre la mejor manera de cruzar el paso aduanero sin levantar sospechas, y le dio cobertura logística hasta llegar a Toulouse, desde donde el fugado, en compañía de su esposa, viajó a París en avión.
En todo caso, el juez consideró que tales cargos no son demasiado graves y dejó a ambos en libertad con cargos.