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LOS PRIMEROS PASOS DEL PRESIDENTE ELECTO

Un camino de libertad y grandes retos

Obama ha logrado un importante apoyo popular, que le permitirá ejecutar su programa político

El presidente electo representa la esperanza del cambio para un país cansado de la política de Bush. molly riley (reuters)

M. Vidal (Efe) Washington
El amplio margen de la victoria del presidente electo, Barack Obama, le concede una gran libertad para poner en práctica su programa, pero también le impone la difícil obligación de estar a la altura de las expectativas. Es lo que en EEUU se conoce como mandato.
No todos los líderes que llegan al poder lo tienen. Para contar con él es necesario obtener una mayoría clara frente al rival y, preferentemente, un porcentaje superior al 50 por ciento de los votos.
George W. Bush no lo logró en las elecciones de 2000, donde se impuso solo por un puñado de sufragios en Florida. Tuvo que esperar al respaldo popular posterior a los atentados del 11 de septiembre de 2001, o incluso a los comicios de 2004, que ganó por un 50,7 por ciento de apoyo, para sentir que contaba con capital político.
Esa clara mayoría se interpreta tanto como un respaldo popular a la autoridad del nuevo presidente, que tiene así libertad para poner en marcha su agenda política, como la obligación de responder a lo que los votantes esperan de él.
En el caso de Obama, es indudable que cuenta con ese apoyo. Aunque el recuento todavía no ha terminado por completo, los últimos datos apuntan a que el demócrata se ha llevado el 52 por ciento de las papeletas.
El senador por Illinois ha obtenido 65 millones de votos frente a su rival, John McCain, que debe conformarse con el 46 por ciento, unos 55 millones.
Ningún mandatario demócrata conseguía sobrepasar la barrera del 50 por ciento desde que lo hizo Jimmy Carter en 1976.
Esto quiere decir que el que será el primer presidente negro de Estados Unidos contará con una autoridad clara, tanto a los ojos del público como de su partido, al entrar en la Casa Blanca el próximo 20 de enero.
Pero también significa que tendrá la obligación rotunda de responder a las expectativas de un electorado que, al votarle, ha dejado claras sus ganas de cambio. Y sus enormes expectativas.
Según el grupo de destacados activistas demócratas Democrats for America, como presidente, Obama debe “devolver la energía a una nación atribulada, denostada en buena parte del mundo y endeble y ansiosa en casa”.
Arenas movedizas
Su lista de la compra no es baladí. Incluye “reparar las relaciones internacionales de Estados Unidos y renovar nuestros lazos con las instituciones multilaterales que el presidente Bush abandonó”, y sugiere el cierre de la prisión de Guantánamo como “un comienzo bienvenido y simbólico”.
En el terreno económico, los demócratas esperan medidas firmes para solucionar el desempleo, las ejecuciones de hipotecas y un sector financiero que atraviesa la peor crisis en décadas.
En el terreno del medio ambiente, consideran “imperativo que encabece un giro radical” en un asunto muy politizado.
Decenas de miles de personas salieron a la calle el martes para celebrar el triunfo de Obama –representante de una nueva generación política, encarnación de las etnias que componen el crisol de razas– y lo que esperan que sea el cumplimiento de sus sueños.
Necesariamente, algunos quedarán desencantados por el camino. No es posible contentar a todos. Pero también es cierto que, en medio de dos guerras abiertas y una crisis económica, EEUU pide un cambio de dirección y cualquier avance será bienvenido.

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