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CAMPO

La leche maldita de Omaña

Un nuevo revés a los ganaderos de la montaña les pone en pie de guerra. El conflicto ya está resuelto

Isabel Herrera León
No salen de una y se meten en otra. Al sector ganadero le aprietan por todos lados. Cuando no son unos precios irrisorios por sus productos, es el coste desmesurado de las materias primas, la cuota de producción o las enfermedades animales.
La última cruzada la han llevado a cabo los ganaderos de vacuno de leche de la zona de Omaña. Una batalla entre productores de leche e industrias lácteas que, parece, ya está zanjada.
El miércoles, una docena de ganaderos se vio obligado a regalar la leche ante la imposibilidad de almacenarla, Reny Picot había dejado de recogerles la producción.
Un día después, en Villanueva de Omaña, José Antonio Manilla y su socio y sobrino José Manuel Manilla dan cuenta del agotamiento y la impotencia que sienten. Ambos regentan una explotación mixta, de carne y leche –principalmente leche–. “Tenemos una cuota de 120.000 kilos anuales y ordeñamos unas treinta vacas”. No entienden porque, después de cinco años recogiendo la leche de la zona, “ahora le es costoso a Reny Picot continuar haciéndolo”. Explican que ya en agosto la empresa les había advertido que el 1 de septiembre dejarían de pasar a recoger la leche “pero se llegó a un acuerdo de continuidad y, como la otra vez la cosa les salió mal ahora nos han dejado sin previo aviso”. El jueves 30 de octubre fue el último día que el camión de Reny Picot pasaba por su explotación en Villanueva de Omaña. El sábado –recogen cada dos días– lo esperaban, pero no llegó: “Yo llamé al transportista por la tarde (porque sólo tengo capacidad de almacenar de cuatro días) y me dice que tiene orden de la empresa de no venir a recoger la leche”. De nuevo repite la operación de la llamada al día siguiente: “Lo que me dijeron es que Reny Picot había dicho que aquí no venía más a por la leche”. Y ni el lunes ni el martes ni el miércoles apareció nadie.
Estos ganaderos se sienten agraviados y vapuleados. Los presentes aseguran que hasta hace bien poco no tenían queja del precio al que Reny Picot les pagaba la leche, “pero en el último año y medio...”. Concretamente, apuntan que cuando en agosto la empresa les “amenaza” con dejar de pasar a recoger la producción “yo estaba cobrando el litro a 63 pesetas, pues la liquidación de agosto ya nos la paga a 8 pesetas (5 céntimos) menos y, a partir de aquí, los dos meses siguientes a tres pesetas (2 céntimos) menos cada mes. Y la liquidación de este mes ya nos dijeron el otro día que bajaba otras tres pesetas o sea que estamos hablando ya de leche sobre las 40 pesetas”.
Desde la explotación de Alipio García –también mixta y también centrada principalmente en la producción láctea– aseguran que los propios ganaderos de la zona son conscientes de que “los portes de recogida son los que son, que la leche aquí no puede valer como en la vega del Esla o en otras vegas donde hay más ganaderos, más producción y están más accesibles, pero lo que no podemos hacer es estar ordeñando por debajo de los costes de producción”.
Estos ganaderos aseguran que ya son muchos los engaños que pesan sobre sus negocios. Relata José Antonio que cuando él comenzó a ordeñar vacas sufrió el tema de Rania: “De aquélla nos quedaron a deber dos meses. Salimos de Rania y estuvimos con Larsa, que dio de quiebra hace ocho años. Aquí me quedaron a deber más de un millón de pesetas. Luego fuimos para la quesería de Rofer, a los cuatro años da quiebra –de esto hace ya unos cinco años– y nos queda sin pagar la leche de tres, cuatro y hasta seis meses. De aquí a Reny Picot. Y ahora, ahora lo que no podemos hacer es entregarle la leche al primero que llame a la puerta”. Se refieren a la oferta de la cooperativa Cea Esla que se ofrecía a recogerles la producción. “No queremos cobrar más que nadie, queremos unas garantías; a las vacas hay que ordeñarlas todos los días y hay que darlas de comer y pagar luz y veterinario y pagar todo”.
La quiebra de Industrias Rofer aseguran que dejó muy tocada la zona de Omaña y de Babia, “en cinco años más de la mitad de los ganaderos de vacuno de leche han desaparecido”. La deuda que le quedó a la explotación de Alipio García con la quiebra de Rofer fue de cinco millones.
“Aquí quien tiene que implicarse es la administración, no sé a qué nivel, pero si nos apoyan igual que apoyan a otros sectores esto no desaparece”, exigen. “Vale, a Reny Picot no le compensa, es lógico que busque rentabilidad, pero la administración tendrá que hacer algo”. Dicen que mucho se habla del desarrollo rural y de fijar población en los pueblos y “aquí, por esta zona, los que realmente fijamos población somos la gente que tenemos ganado y, sobre todo, la gente que ordeñamos vacas que tenemos que estar aquí los 365 días del año”.
Y en estas aparecen el inspector de zona de Reny Picot y el transportista de Cea Esla. Tras una semana de vacío vienen a buscar la leche. “Habrá que negociar el precio”, le dice José Antonio. El inspector de zona se apresura a responder que las condiciones son las que había hasta el 1 de noviembre, “recoge Cea Esla, pero la leche te la pagamos nosotros”.
Ninguno de los ganaderos presentes entregan la leche, quieren unas garantías, un acuerdo de mínimos, y por escrito, nada de palabras, temen que dentro de dos días vuelvan a “dejarnos tirados” o que el día de cobro se lleven una sorpresa con los precios.
Antonio, el inspector de zona de Reny Picot quiere que quede constancia de que la empresa no ha dejado tirados a los ganaderos de la zona de Omaña: “Se trata de una recogida de 120 kilómetros, tres horas y media de trabajo para 1.700 litros cada segundo día. Es algo inviable para la empresa por motivos económicos por eso, ahora que Cea Esla se ha ofrecido a recoger la leche de estos pueblos nosotros hemos dejado de venir”. En definitiva, la cooperativa sólo se encargaría de la recogida, algo, que indican desde Reny Picot, al ganadero no le afectaría en nada. “Ya dijimos en su momento que en cuanto hubiera una empresa que quisiera hacerse cargo nosotros parábamos”.
Los ganaderos siguen en sus trece. Sin pacto no entregan la leche. Durante la conversación, vía telefónica se arregla una reunión, estarán presentes los afectados, las empresas compradoras (Reny Picot y Cea Esla), representantes de la Administración regional y la alcaldesa de Murias de Paredes.
Con esta cita acaba el encuentro. El inspector y el transportista se van, sin leche, a seguir preguntando en otros pueblos de la zona si quieren entregar (tres ya lo han hecho esa mañana).
La reunión se celebró esa misma noche en Murias de Paredes y hubo acuerdo. Cea Esla recogerá la leche, pero salvo la recogida, el resto (facturación, analíticas...) corre a cargo de Reny Picot. No hubo acuerdo escrito, pero los ganaderos de Omaña confían en la palabra de los presentes y en el papel de testigo que adjudicaron a la alcaldesa de Murias de Paredes y la representación de la Administración. ¿Precios? “No hemos hablado de precios concretos, pero la referencia serán los precios medios de mercado”.

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