Las noticias sobre el sector lácteo cada día son más sorprendentes. Ahora no hay capacidad suficiente para almacenar la producción –ya de por sí mermada con los ajustes de la Unión Europea– de los ganaderos de León. No sé si las vacas de León son muy productivas, o es que nadie ha previsto que pueda haber un exceso de producción. Lo primero es disculpable. Lo segundo es imperdonable e irresponsable.
Los ganaderos, hartos de todo, decidieron mostrar su repulsa tirando la leche y desperdiciando ese preciado y nutritivo alimento que aliviaría el hambre a muchos que no pueden comprarla. La segunda reacción fue más cuerda: se regala a los consumidores y a los centros que dan de comer gratis a los indigentes. No está mal el cambio de postura y la forma de protestar. A ver si toman nota las administraciones afectadas y ponen límite a la política de las centrales lecheras.
El problema no es el exceso de producción de leche. El problema es la cabeza o las cabezas que tienen que pensar cómo distribuir esa producción y cómo conseguir que no se pierda, y que genere beneficio al productor y al comprador. Por tanto, que los políticos piensen un poco para llega a una solución.
Y el viernes nos desayunamos con la noticia del incremento de producción de uva. A lo mejor también la tiramos, o la regalamos. Como se ve esta tierra es fecunda y feraz y cuando los que saben del campo y de la ganadería tienen posibilidad de demostrar su destreza los resultados son excelentes. Si queremos mantener la población y la producción del campo en las zonas rurales es necesario incentivar y cuidar los centros de producción y asegurar la distribución. Lo contrario sería un error: acabar con la riqueza natural de la provincia.