El Gobierno del país árabe aprovecha para impulsar la firma del acuerdo de seguridad que garantizará el traspaso de las competencias al Ejército
Obama ha prometido la salida total de las tropas en 2010. Reuters
E.P. Nueva York
Menos de una semana después del triunfo de Barack Obama en las elecciones presidenciales norteamericanas, el Gobierno iraquí intenta aprovechar el estado de euforia generalizado para resolver de una vez por todas el futuro inmediato del país árabe, a través de la firma de un acuerdo de seguridad que garantice el traspaso de competencias progresivo de las fuerzas de EEUU a las autoridades iraquíes, y que culminaría en 2011.
“Los iraquíes están esperando a que se les dé una fecha definitiva”, indicó el portavoz jefe del Gobierno del país árabe, Alí al Dabagh, que instó a los negociadores de ambas partes a regresar inmediatamente a las conversaciones, después de que el pasado jueves se diera a conocer que Washington ha terminado de redactar el borrador definitivo del acuerdo de seguridad, y que ha sido entregado ya a las autoridades de Bagdad.
El documento garantiza la soberanía territorial de Iraq a partir de 2009: se establece que Estados Unidos no empleará el suelo iraquí como base de operaciones para atacar a un tercer país -cosa que sucedió el mes pasado, cuando helicópteros norteamericanos con base en Iraq bombardearon posiciones sirias de la célula iraquí de Al Qaeda - y declara que la permanencia en el territorio de cualquier efectivo del Pentágono a partir de 2011 dependerá del permiso del Gobierno de Bagdad.
Queda por determinar todavía qué sucede con los efectivos de EEUU que cometan, en operaciones no conjuntas con el Ejército iraquí, crímenes de cualquier tipo en el país árabe. El deseo del Gobierno nacional es que tales actos estén sujetos a su jurisdicción.
Del mismo modo, y para evitar este tipo de situaciones, Ali Dabagh recomendó el cese total de las operaciones militares norteamericanas para junio de 2009. Hasta ese momento “las tropas deberían permanecer apostadas en lugares concretos, para que acudieran simplemente cuando se les necesitara, y que su movimiento fuera lo más limitado posible”, según indicó el portavoz al diario The Washington Post.
El Gabinete iraquí considera, a priori, que la posición del presidente electo estadounidense respecto a la retirada de las tropas es parcialmente acorde con su visión. Obama ha expresado en numerosas ocasiones su deseo de hacer regresar a los efectivos en un plazo no superior a los 16 meses tras el inicio oficial de su mandato, el próximo 20 de enero.
“La postura encaja con nuestra propuesta”, declaró Haider Abadi, diputado chiita, quien no obstante advirtió de que todavía se desconoce el efecto definitivo de la victoria de Obama en las negociaciones. “Quién sabe: puede salir de cualquier manera”, indicó Abadi, que teme que la relajación postelectoral afecte negativamente a la capacidad negociadora de Washington. Claro que una vez que Bush haya abandonado definitivamente el poder, el nuevo presidente podría adoptar medidas mucho más favorables para garantizar la firma del acuerdo.
No obstante, los problemas para la rubricación del acuerdo de seguridad no se limitan solo a la relación con EEUU. Hay que tener en cuenta a las formaciones políticas iraquíes que se oponen a la firma de cualquier pacto y que piden la expulsión inmediata de las tropas del país árabe. A la cabeza de estos partidos se encuentra el bloque parlamentario del clérigo chiita, Muqtada al Sadr. Mientras que por lo que respecta a los grupos kurdos, el apoyo al pacto es total.La Administración Bush ha expresado su optimismo ante la firma del acuerdo de seguridad antes del 31 de diciembre de este año, fecha en la que expira el mandato garantizado por la resolución de Naciones Unidas. Primero, los iraquíes no desean depender de una nueva resolución; y segundo porque las autoridades de Bagdad no quieren renegociar el proceso una vez que Obama llegue al poder.El problema es que, más allá de esa fecha, el proceso de revalidación de la estancia de las tropas estadounidense en Iraq a través de un mandato de Naciones Unidas sería rápido y contundente. El Post estima que se tardaría menos de dos semanas en proponer y redactar la extensión de la resolución actual. Al Maliki no tendría margen de acción para modificarla, pero sí podría solicitar que el mandato de Estados Unidos fuera un poco más corto.
Lo que Iraq no está dispuesto a aceptar bajo ningún concepto es que la firma del acuerdo se retrase hasta tal punto que la presencia estadounidense termine sujeta a una ampliación de la resolución de Naciones Unidas, por la que las tropas actúan en el país, ya que documento concede al Pentágono vía libre en todos los aspectos.Hay que tener en cuenta, además, que el país árabe tiene previsto convocar elecciones en 2009, comicios que podrían detonar la tensa calma que se vive allí.