La Deportiva cierra su brillante participación en la Copa del Rey cayendo ante un Sevilla muy motivado
La afición de la Ponferradina, una vez más, estuvo con su equipo en la capital hispalense. Gaztelu (enviado especial)
Javier Santiago
Sevilla, enviado especial
Lo malo de las fiestas es que acaban. Después de la ilusión desbocada, llega el momento de clausurar un sueño feliz. Así, la Ponferradina no pudo con la lógica y se despidió de la Copa del Rey ante un Sevilla que, ayer sí, fue un equipo de Primera.
Los de Manolo Jiménez pusieron sobre el Sánchez Pizjuán toda la artillería y se emplearon para evitar un tropiezo que hubiera generado un clima muy turbio en Nervión. Frente a ello, la Ponferradina no pudo hacer valer sus ganas y nunca estuvo cerca de repetir la memorable noche de El Toralín hace un par de semanas.
En cualquier caso, los de Viadero sí se encargaron de dejar constancia honorable de su paso por Sevilla. Lo hicieron en una primera media hora en la que puso los cimientos de lo que quería que fuera su partido. Luego la cosa tomó otro rumbo, pero quede constancia de esa Deportiva de la primera media hora, cuando supo estar segura en defensa y poner temple en el centro del campo ante los momentos de pasividad del Sevilla.
La obra cumbre para los blanquiazules (ayer de rojo) llegó en el minuto 15. Primero Iruzun no supo qué hacer con un pase que le hubiera podido dejar mano a mano con el portero. Justo después, el equipo se adueñó del balón y lo retuvo durante una serie interminable de toques mientras los locales lo perseguían entre los pitos de su público. Era la mejor Ponferradina dejando su huella en un templo del fútbol.
Pero la noche empezó a perder magia berciana en el minuto 29. En ese momento apareció el Sevilla para asumir el mando y dejar claro que no estaba dispusto a tirar su orgullo. Así, Romaric, infinitamente más activo que en El Toralín, envió un buen centro al área que Luis Fabiano cabeceó implacablemente a la red.
El gol espoleó a los de Manolo Jiménez, que se empeñaron en llegar al descanso con la eliminatoria ya a su favor. No lo consiguió, pero sí mostró a la Ponferradina lo que es tener enfrente a una maquinaria de élite lanzada sin piedad hacia su portería. El larguero repelió dos disparos, Alejandro atrapó un tiro cruzado de Adriano y Luis Fabiano envió la pelota mínimamente desviada en el último momento del primer tiempo. Iturralde González tomó una decisión brillante y mandó descansar.
Pero sólo sirvió para aplazar la decepción unos minutos. Nada más arrancar la segunda parte, Luis Fabiano, en posible fuera de juego, rompió el cántaro de las ilusiones de la Deportiva con una preciosa vaselina que superó a Alejandro y tiñó la eliminatoria con el color blanco del Sevilla.
Los bercianos trataron de reaccionar, pero con más timidez que mordiente. Aún así, Rubén Vega dispuso de la jugada que pudo cambiar la noche. Enganchó un disparo envenenado desde fuera del área, la pelota pegó en el larguero y botó dentro. Iturralde se hizo el sueco y a renglón seguido Luis Fabiano ahuyentó cualquier opción de sorpresa firmando el tercero tras revolverse gatunamente en el área.
La Ponferradina siguió dando la cara hasta el final, pero no logro generar ocasiones que animaran la cosa. Maresca hizo el cuarto al final. La fiesta berciana ya había sido hace quince días. Y eso es ya algo inolvidable.