Defenderá un control mucho más estricto de las entidades financieras
Zapatero y Solbes encabezarán la delegación española. EFE
Agencias Madrid
A menos de 48 horas para la que se presume trascendental cita del G-20 en Washington, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se encargó ayer de detallar los planteamientos que defenderá ante el resto de líderes mundiales para intentar poner coto a la crisis económica. Así, el inquilino de Moncloa explicó que su principal apuesta consistirá en solicitar una nueva regulación financiera, que no deje zonas en “sombra” y que se extienda a todas las entidades y todos sus productos. Además, el socialista pretende que el nuevo régimen de control sea extensivo a los denominados paraísos fiscales, que desaparecerían de facto, así como a las criticadas las agencias de rating, encargadas de valorar el riesgo de los activos y a las que no pocos analistas atribuyen buena parte de la responsabilidad en la actual zozobra del sistema bancario mundial.
El jefe del Ejecutivo considera que, a imagen de lo que sucede en el modelo español, tan solo una regulación “muy exigente” del sistema financiero podrá devolver la necesaria confianza a los inversores.
Zapatero viaja hoy mismo a la capital norteamericana para participar en la cena que su homólogo estadounidense, George W. Bush, ofrece a todos los asistentes a la cumbre. El plato fuerte de la cita tendrá lugar ya mañana en el National Building Museum de la capital de EEUU.
Allí, el también líder del PSOE intentará, además, perpetuar la presencia española en todo el proceso de reforma del sistema financiero internacional, del que la cita de este fin de semana es solo el punto de partida.
Para ello, el Ejecutivo aspira a que de la propia cumbre salga un método de trabajo que consolide el papel de todos los asistentes, y no optará por reclamar que la próxima reunión se convoque con otro formato. “Es lógico pensar que, aparte de contenidos concretos, el encuentro se salde con una metodología de trabajo para llevar a cabo las reformas futuras”, afirmó Zapatero a las pocas horas de hacerse oficial que España acudiría a la cumbre gracias a uno de los dos asientos que corresponden a Francia, como miembro del G-7 y en su calidad de presidente de turno de la Unión Europea.
Para defender la presencia permanente de Madrid en el foro, el socialista ha esgrimido que España es la octava economía del mundo y que cuenta con un sistema financiero fuerte y un modelo de supervisión bancaria que ha afrontado mejor que otros las turbulencias de los mercados.
A todo ello se suma su empeño por dar un nuevo mandato al Fondo Monetario Internacional, de manera que se convierta en guardián de la estabilidad financiera internacional (reforzando sus poderes de supervisión) y, además, que tenga recursos para evitar el contagio de la crisis a las economías emergentes.
Asimismo, el presidente del Gobierno ha dejado claro que, junto a la regulación bancaria, reclamará que se dé un nuevo impulso a otras cuestiones como la lucha contra la pobreza, el cambio climático y la Ronda de Doha de liberalización comercial.