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UNA IMAGEN Y 230 PALABRAS


Señor agente, se
me metió un perro

Según se están poniendo las cosas para los conductores tengo para mí que dejar que el perro incumpla el precepto de “prohibido asomarse a la ventanilla” tenga más castigo que enamorarse de la Duquesa de Alba senior.

No alcanzo a adivinar los puntos que le podrían quitar al conductor, pero si ocurre que son muchos bien podría el denunciado tirar de imaginación y poner un recurso del estilo de alguno de aquellos que se hicieron famosos en un libro de anécdotas de recursos por accidentes y multas de tráfico. Le vendría como anillo al dedo ‘acoplar’ aquel que argumentó: “Volviendo al hogar, me metí en la casa que no es y choqué contra el árbol que no tengo”, que él podría ajustar a su caso afirmando que “conduciendo un coche que no es mío me despistó un perro que no tengo”.

Siempre existe la posibilidad de echarle la culpa a las especiales situaciones que al volante te toca vivir y le acabas echando la culpa al ‘muerto’, como hacen en los juicios de los desfalcos de los bancos. Un conductor que debía justificar un atropello afirmó que “aquel tío estaba por toda la calle y me vi obligado a hacer algunas maniobras bruscas antes de atropellarle”, como sugiriendo alguna sanción para el atropellado.

Cualquier cosa menos prohibirle al perro que siga de cerca la actualidad, que también tiene sus derechos.

df
Mauricio
Peña
Ful
Fulgencio
Fernández

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