Año 2008. El planeta Tierra se encuentra inmerso en una de las mayores crisis de su historia. Los bancos han dejado de prestar dinero y la gente ya no puede cambiar de coche antes de pasar la primera ITV. El parque de viviendas vacías deja de multiplicarse y las bolsas dejan sin cera el parqué.
El desastre se cierne sobre la humanidad y el conejo amenaza con sustituir para siempre al pavo en el menú de Nochebuena. Pese a todo, África sigue sin acusar este problema. Las empresas, asfixiadas por la falta de crédito, siguen ERE que ERE y el paro, valga la paradoja, no para.
Ante esta desesperada situación el Comando G (20) se organiza para poner freno al caos y decide reunirse un fin de semana en Washington para refundar en un pispás el capitalismo. Allí se citan, entre otros, el Capitán América, a punto de jubilarse y visiblemente menguado tras sus enfrentamientos con el malvado y escurridizo doctor Bin Laden y su ‘ultratecnificado’ lugarteniente el mulá Omar, alias ‘El de la Moto’. También comparece el Hombre del Sarko, que, al contrario que el anterior y sobrado de energías, deja un hueco en su silla al español Súper Rodríguez. Al leonés le bastan los ocho minutos que le dejan para demostrar a todos el poder de su famoso rayo de talante. La cosa (no confundir con el increíble Hulk) acaba con una declaración solemne de los superhéroes mundiales: “Esto va a haber que arreglarlo”.