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CUMBRE DE WASHINGTON / Una cita para salir de la crisis

Todo el mundo pendiente de la cita del G-20

Las quejas de España, la octava economía del mundo, y de otros países como Polonia ponen en evidencia la antigüedad de estos grupos

Zapatero es recibido por el presidente de los Estados Unidos. Efe

Paco G. Paz (Efe) Washington
La próxima cumbre financiera de Washington se ha convertido en una oportunidad crucial para que las economías en desarrollo alcen su voz, tras la evidencia de que los más ricos no solo han originado la crisis, sino que no han podido frenarla.
Los mandatarios del llamado grupo del G-20 se reunirán a partir de mañana en la capital estadounidense para estudiar la nueva arquitectura internacional, en un momento en que está amenazado el crecimiento de todo el mundo.
Lo novedoso de este acontecimiento no es solo el contenido del encuentro en sí, del que puede salir una nueva regulación económica, sino los asistentes, en el que participarán los miembros del G-20, un grupo que hasta ahora era un foro informal de consultas, pero que ha cogido vigor al calor de las penurias.
De este conjunto, creado en el año 1999, forman parte los siete países más industrializados del planeta, más 12 de los principales economías emergentes, y la Unión Europea como bloque.
Por tanto, está formado por los países del G-7 (EEUU, Canadá, Japón, Alemania, Reino Unido, Italia y Francia), además de Rusia, con el que forman el G-8, más Arabia Saudí, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica y Turquía, y la UE.
Es, por tanto, un grupo diverso, y generalmente con intereses muy dispares, que no ha tenido mucha relevancia hasta la fecha.
Pero, con la crisis financiera mundial encima, que ha golpeado a todos por igual, la situación ha cambiado de manera sustancial. Y en un momento en que Estados Unidos y la Unión Europea necesitaban convocar con urgencia una cumbre, el G-20 pareció el formato más apropiado.
Pero no a todos les pareció lo más correcto, y países como España iniciaron una ardua campaña para conseguir que las economías de mayor peso, y con sistemas financieros sólidos y resistentes pudieran también hacer oír su voz. Finalmente logró su objetivo, y estará presente como miembro de la Unión Europea.
Pero las quejas de España, que es de hecho la octava economía universal, y de otros países en plena efervescencia como Polonia, ponen en evidencia la estructura arcaica que tienen estos bloques, que responden más a los intereses que había en la época de la Guerra Fría que a los equilibrios de poder actuales.
De hecho, importantes instituciones, como el Instituto de Finanzas Internacionales, que agrupa a los principales bancos, se ha mostrado partidario de abrir las puertas del G8, para que incorporen países emergentes y con un gran peso, como Brasil, China, India y Suráfrica.
Ahora, todos ellos se van a sentar en la misma mesa en Washington para discutir como afrontar de manera concertada la crisis internacional. Y las críticas van a aflorar rápidamente.
A diferencia de lo que viene siendo habitual, serán los nuevos los que critiquen a los estados más ricos, cuya autoridad ha quedado minada por su poca efectividad en combatir la mala situación. Ya en la reunión preparatoria que celebraron la semana pasada, Brasil -que preside el G-20, más Rusia, India, China, Sudáfrica y México, cargaron contra las naciones más desarrolladas por no haber sabido atajar la crisis.
Además, pusieron en su punto de mira al actual sistema financiero internacional, y, en concreto, al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial (BM), por no haber prevenido la situación de antemano y por no representar, en su opinión, la composición del complejo mundo económico actual.
Las peticiones que llevarán los países emergentes a la capital norteamericana serán ambiciosas, sin importar que estas naciones apenas se hayan esforzado en la última década para fortalecer sus haciendas.
Así, este grupo de estados quiere llevar a cabo una nueva formulación del sistema financiero internacional creado en Bretton Woods, histórica reunión celebrada en el año 1944 en la que se decidió la creación del FMI y el BM.

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