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UNA IMAGEN Y 238 PALABRAS


De la calle que
llegó a vereda

Son demasiados, excesivos, los pueblos de León en los que donde existía una senda, un camino, una calleja y hasta una calle ya sólo es necesaria una vereda pues poco más de un vecino repite cada día el paso por ella.

Ya no andan carros ni siquiera forcados. Ya no van cuadrillas de segadores camino de los prados al amanecer. Ya no lo atraviesan mineros que buscan el tajo en una mina cercana. Ya no pasean grupos de hombres y mujeres buscando el sol o el abrigo de los árboles contra la lluvia... Ya no. Apenas uno o dos vecinos atraviesan por allí, se sientan en las paredes, miran al horizonte y recuerdan la vida que el pueblo tuvo y que ya no tiene. Ya no se escuchan estos días los estridentes gruñidos de los cerdos al amanecer en el rito de las matanzas cuando llegan las heladas.

Sucede en muchos rincones de la provincia, excesivos. Ocurre también en Murias de Ponjos, entre Omaña y el Bierzo, en Valdesamario, localidad en la que se ha tomado esta fotografía en la que la naturaleza se ha hecho dueña del camino de la civilización por abandono de ésta, por olvido, por ausencia.

Sólo un detalle nos recuerda que la mano del hombre sigue dejando allí su huella. Ella es la que ha colocado la placa que anuncia el nombre de la calle.

Y nosotros denunciando baches a través de fotodenuncias.

df
Mauricio
Peña
Ful
Fulgencio
Fernández

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