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LA LUCHA ANTITERRORISTA / La trayectoria del etarra más buscado

Un líder con instinto asesino

‘Txeroki’, que siempre ha apostado por la violencia sin matices ni límite, supo sacar partido de la ‘tregua trampa’ para organizar los comandos

El ataque al estacionamiento de Barajas fue una decisión de Mikel Garikoitz Aspiazu, que pretendía “poner muertos” en la negociación. EFe

Fax Press Madrid
Mikel Garikoitz Aspiazu, alias Txeroki, nació el 6 de julio de 1973 en Bilbao y no fue un terrorista demasiado precoz. Sin embargo, quizá para compensar lo tardío de su vocación, que comenzó con 24 años, desde entonces ha puesto especial empeño y crueldad, hasta convertirse en el principal símbolo de la sinrazón asesina y el jefe del ala dura de la banda. Como tantas veces se ha encargado de recordar el ministro Rubalcaba, los primeros pasos criminales de Txeroki consistieron en ataques de kale borroka, el vivero de los asesinos, pero su eficacia y determinación le granjearon pronto la posibilidad de integrarse en comando Olaia, que actuó sobre todo en su Vizcaya natal.
En su currículum de aquella época cabe reseñar el asesinato del juez José María Lidón, el 7 de noviembre de 2001, y el atentado contra el responsable de las Juventudes Socialistas, Eduardo Madina. Poco después, en mayo del año siguiente, la Policía tiene constancia de que Aspiazu abandonó España, y, a partir de ese momento, y aupado por Gorka Palacios y Soledad Iparagirre, Anboto, quienes le entrenaron en el manejo de la armas, fue escalando puestos en la cúpula etarra, hasta que, en 2004, llegó a hacerse cargo de la dirección militar de ETA tras la detención de Mikel Antza y Anboto.
En aquel tiempo, todavía sin demasiado predicamento y con su capacidad asesina muy limitada por las negociaciones que condujeron al alto el fuego, Txeroki entendió a la perfección que la tregua trampa le brindaba su gran oportunidad y, como tantas veces advirtió el PP, aprovechó ese período de respiro policial para entrenar a una decena de comandos.
Algunos de ellos cayeron poco después de constituirse, muy probablemente por delaciones de aquellos que sí creían en la posibilidad de un final pactado de la violencia. Unos, como el Nafarroa, sin siquiera entrar en España, y otros recién instalados en la Península. Así, detenidos como Iker Aguirre, que fue apresado en Portbou, o Aritz Arginzoniz, capturado en Santander, explicaron que era el propio Txeroki quien les daba las ultimas instrucciones y les entregaba armas y dinero para llevar a cabo sus misiones.
En todo caso, la nueva infraestructura fue consolidándose a la espera de que, como suele ocurrir siempre en ETA cuando hay discrepancias, el ala dura se impusiera finalmente al sector moderado.
La evidencia definitiva llegó en la última reunión entre los enviados del Gobierno y los responsables de la banda, en la que se rompió el diálogo. En dicha cita, Francisco Javier López Peña, Thierry, sustituyó a Josu Ternera, principal artífice de la tregua.
Fue precisamente tras la captura de Thierry en Burdeos, a finales de mayo pasado, cuando Txeroki se convirtió en el dirigente “con mas peso político y militar”, según palabras de Rubalcaba.
Desde su jefatura, él fue responsable del atentado contra Barajas que puso fin a la tregua, así como de los seis asesinatos que se han producido desde entonces. Ya antes también había dado la orden a Pérez Aldunate de atentar contra el Rey en Mallorca en 2005.
Su filosofía no admite muchas dudas, tal y como queda reflejado en alguna de sus cartas: “Hay que poner patas arriba a un enemigo uniformado” y “poner muertos sobre la mesa cuanto antes” para animar a los presos de la banda terrorista. Él contribuyó con los asesinatos de los guardias civiles Raúl Centeno y Fernando Trapero.

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