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SOCIEDAD

En busca del oro micológico

La Asociación ‘Cantharellus’ está convencida de que hay trufas bercianas

Dos perros procedentes de Astorga buscaron, sin éxito, la deseada trufa en un encinar de la comarca.

Ana Rosalina López Ponferrada
Las trufas, ese caro hongo que crece en el subsuelo, de olor penetrante y codiciado por los mejores chefs del mundo, podría esconderse en el suelo de cualquier encinar de la comarca berciana. Este especie subterránea actualmente tiene un precio de mercado de unos 3.000 euros el kilo (la Tuber melanosporum o trufa de verano).
Nunca se habían buscado trufas en el Bierzo. Al menos es lo que así cree el presidente de la Asociación Cantharellus, Manuel Bernardo, quien, con varios miembros de esta agrupación visitó este jueves un encinar del Bierzo para buscar este hongo. No hubo suerte, aunque la insistencia después de este primer intento dará una buena posibilidad de éxito. Según Bernardo, la comarca está dentro de la zona de España en la que pueden encontrarse estos hongos. Si se dividiese la península diagonalmente con una línea que fuera desde Galicia hasta la costa levantina, quedaría enmarcada en la parte triangular superior la zona trufera de España, aunque en algunos sitios se dé con más frecuencia que en otros. “En el Bierzo debería haberlas, puesto que es una zona con suelo calizo, árboles adecuados, como avellanos o robles, y tierra con un PH entre 7,5 y 8,5, que es todo lo que necesitan las trufas”, explicó el presidente de la asociación. España es el segundo país productor de trufas en todo el mundo, pues de la península sale entre el 40 y 50% de la producción mundial. En primer lugar se sitúa Francia.
Para buscar las trufas Cantharellus utilizó dos cachorros, un Golden Retriever y un Ratonero de Navarra, propiedad de un astorgano aficionado a la búsqueda de estos tesoros micológicos. A estos animales se les da a oler un poco de trufa para incitarles a la búsqueda en las zonas de calveros que rodean algunas encinas, hecho que determina un posible crecimiento de trufas en esa zona. Las trufas comunes en esta zona son la de verano (Tuber melanosporum) que crece entre mayo y julio y de invierno (Tuber brumale), que se da entre noviembre y marzo.
Aunque la búsqueda de Cantharellus no tuvo esta vez éxito, será algo que vuelvan a intentar, puesto que este año no ha sido el mejor para las setas. En cambio, sí que recogieron hasta 30 kilos de otras especies, como la Lepista luscina, el Agaricus campestris, el Pleurotus ostreatus y el Agaricus bisporus. Mientras tanto, la asociación celebra hoy una comida en Vega de Espinareda a la que puede acudir todo el que quiera. Para comer será necesario comprar una cazuela de barro de Jiménez de Jamuz por 10 euros que dan derecho a una deliciosa empanada de setas, arroz con setas, pan y vino. A quien lleve una buena cantidad de setas frescas y limpias para cocinar hoy le serán ‘perdonados’ los 10 euros. Eso sí, no se aceptarán setas cocinadas, puesto que no se puede comprobar así si son adecuadas o no para el consumo.
Por otra parte, la Asociación prepara cuatro salidas en colaboración con Ciuden. Se trata de recorrer alguna de las rutas de La Mirada Circular, pero mirando al suelo para recoger setas, aunque aún se desconocen las fechas concretas de esta actividad.

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