Me parece que tú también, pero lo que desde luego tengo claro, al analizar algunas de las últimas campañas informativas y publicitarias, es que yo, personalmente, soy culpable directo de que, en este preciso instante, el hielo del Polo Norte se esté deshaciendo, lo que quiere decir que además tengo la culpa de que el nivel del mar suba demasiado y, por tanto, desaparezcan pueblos y playas que ya nunca conocerán las generaciones venideras (como yo tampoco las he conocido). Me acuso también de que estén desapareciendo el urogallo y el oso pardo y de que los bosques se incendien cada verano con mayor intensidad, porque por supuesto tengo la culpa de que ya no haya casi ganado que impida que la maleza se convierta en una autopista del fuego, consecuencia directa de ser además el culpable de que los pueblos queden abandonados y de que a los ganaderos les paguen tan poco por la leche. Tengo la culpa de la contaminación de los ríos y los mares y de que los agricultores del Páramo derrochen el agua que costó la vida a los mejores valles de la provincia, y de que mi coche emita tanto CO2, de que mi frigorífico malgaste tanta energía y de que mis ventanas dejen escapar el calor, lo que me convierte en responsable de buena parte del agujero en la capa de ozono y, obviamente, del cambio climático, del calentamiento global del planeta, del cáncer de pulmón de los que están en el bar cuando me fumo un cigarro y supongo que, de una u otra forma, seré también culpable de la crisis económica, porque para eso la culpa de que en África millones de personas mueran de hambre es única y exclusivamente mía, como de que los jóvenes no lean o de que la industria discográfica no gane tanto dinero como antes. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa...