Un valioso hallazgo de 1925, desaparecido hasta 2005 y cuya importancia recoge un libro
Las piezas sobre La Crónica que recogía el hallazgo y la caja donde se guardaron.
Fulgencio Fernández León
Luis García Tabarés, físico de origen leonés y afincado en Madrid, encontró un buen día en el doble fondo del armario de una tía que había fallecido una de aquellas antiguas latas de galletas, atada ‘muy curiosa’ y que hacía muchos años que nadie había abierto.
Lo hizo él y se encontró con nueve muy interesantes piezas arqueológicas. Por suerte no tuvo que esforzarse mucho para saber qué eran pues dentro de la caja también habían guardado con sumo cuidado un periódico de 1925, la vieja La Crónica de León, que daba cuenta con pelos y señales, con cuidadas ilustraciones y en primera página, de la importancia de aquellas piezas que llamaba ‘Los hallazgos arqueológicos de Valdevimbre’. Allí estaba todo.
Y allí estaba la clave del misterio. Aquellas piezas habían sido adquiridas por un boticario de Valencia de Don Juan, precisamente el abuelo de Luis García-Tabarés, por lo que nunca habían llegado a su destino de entonces, el Museo de la Diputación de León. “Las piezas me quemaban en las manos”, explicaba en una entrevista a La Crónica en 2004 el citado García Tabarés y decidió que se completara aquel viaje que en 1925 no había llegado a su destino. Y se las entregó al Instituto Leonés de Cultura para que llegaran al Museo de León.
80 años de viaje
Jesús Celis, entonces arqueólogo de la Diputación de León y hoy director del ILC, y Luis A. Grau, director del Museo de León, no se acababan de creer lo que les entregaban en la misma vieja caja de galletas en la que habían aparecido. “Era ni más ni menos que el famoso y buscado -por los investigadores de la prehistoria ‘Depósito de Vadevimbre’, un lote de 10 útiles de la Edad de Bronce (hacia el año 1.300 antes de Cristo) que es el más antiguo conjunto de esta época conocido en nuestra región y un hito en la prehistoria peninsular”, en palabras del citado Luis Grau al recibirlo.
No había, además, ninguna duda pues La Crónica de León de 30 de mayo de 1925 ofrecía pelos y señales en un artículo firmado por dos expertos de la época: José María Luengo y Julián Sanz Martínez. Ocupaba la mayor parte de esta primera página los dibujos de las piezas, obra de M. Medina, y una descripción de todas ellas. “Este dibujo es la única ‘fotografía’ existente y sobre él se han basado todos los estudios posteriores de este tesoro, que ha sido muchos”.
Pero el misterio era porqué habían desaparecido entonces, en 1925, las piezas. El periódico afirmaba que “el hallazgo se había producido al realizar obras en un camino vecinal del paraje conocido como El Otero, que uneValdevimbre con Fresnellino. Los objetos fueron recogidos por el capataz de las obras, José Recio”, y añade que éste se las regaló más tarde el farmacéutico de Valdevimbre, D. Luis García Garrido. Y finaliza la entradilla de la noticia comentando que los firmantes “hemos gestionado y obtenido (de García Garrido) su donación al Museo Arqueológico Provincial, en cuyas colecciones figurará en breve, gracias al rasgo generoso de dicho señor”.
Sin embargo, las piezas no llegaron. O tardaron ochenta años en hacerlo, si se prefiere. Y seguramente lo hicieron en la misma caja que el citado García Garrido las metió, con la precaución añadida de dejar el periódico que daba fe del hallazgo.
Con la entrega del hallazgo al ILC y el Museo de León comenzaba una nueva etapa. La del estudio de las piezas pero ya no sobre los viejos dibujos sino con las piezas originales. Jesús Celis, Luis Grau, Germán Delibes de Castro y Julio Fernández Manzano son algunos de los que los han estudiado. Sus hallazgos están en el libro que acaba de ver la luz, al alcance de todos.