Esta práctica, extendida en los últimos años en la provincia, roza la ilegalidad
Los cebaderos permiten que los animales salvajes accedan al interior en busca de alimento. e. niño
Estefanía Niño León
La caza es una de las actividades más arraigadas de la provincia y cuenta, como tal, con un importante número de seguidores y de detractores. La legislación nacional y autonómica regula está actividad aunque, hay veces, que la ley no llega a donde debiera yde todos es sabido que “quien hizo la ley, hizo la trampa”.
Paseando por cualquiera de los montes de la provincia prestando un poco de atención resulta más que probable encontrar cebaderos para animales salvajes, especialmente para jabalíes, que se utilizan como ‘artimaña’ en el noble arte de la caza para hacerse con la presa. La costumbre de la convivencia con este tipo de ‘trampas’ para los animales hace que algunos vean esta situación como algo habitual, aunque no por ello deja de ser una práctica que roza de cerca la ilegalidad. En su mayoría, los conocedores de esta situación explican que “si alimentas a los animales en zonas donde lo que sobra es comida los haces vagos, dependen de ti y son mucho más fáciles de encontrar, por lo que la caza pierde todo su atractivo”.
Los cebaderos son legales en unas circunstancias muy específicas que no siempre son fáciles de demostrar. En el caso de los cebaderos no autorizados acostumbran a ubicarse en zonas centrales de monte o cotos de caza, siempre cercanos a un camino para que el transporte del grano o cualquier otro cebo resulte más o menos cómodo. También suelen contener ‘atrayentes’ para los animales. En lo referente a los jabalíes se llega aún más lejos, habilitando puntos donde los animales puedan bañarse o rascarse, llegando incluso a emplear combustibles ya que su olor resulta muy atrayente para esta especie. Esta actividad, común en muchas zonas de la montaña, resulta totalmente ilegal. Estos recintos, además, acostumbran a estar vallados, con alambradas que impiden que el ganado tenga acceso al grano, pero están perfectamente diseñados para que los animales salvajes puedan entrar sin dificultad.
En uno de los bosques de la Montaña Central, concretamente en un paraje de La Pola de Gordón, se encuentra uno de estos cebaderos. Un aficionado a la caza aseguró a este periódico que “no es el único, en la mayoría de los pueblos hay al menos uno”. Otro vecino señaló que “también hay cebaderos en zona para las perdices, como en los montes de Beberino”.
En una publicación del ingeniero técnico agrícola, gestor cinegético y capitán de montería, Santiago Segovia, se explica que “el atraer fraudulentamente los ejemplares de los alrededores no es la finalidad estricta, ya que además de rozar la ilegalidad, plantea cuestiones éticas de importancia”. En esta publicación se resaltan además motivos que justifican la existencia de estos cebaderos, sobre todoen las zonas en las que no hay suficientes pastos para los animales. Así mismo, resultan útiles para censar y controlar a los ejemplares; pero estas razones bajo ningún concepto justifican los cebaderos como un método para atraer a las piezas, esperarlas con la certeza de que aparecerán ymatarlas de una manera ‘ilegal’ e ‘inhumana’,por el mero placer de hacerlo.