Si en pleno centro de León un animal sanguinario puede pasearse con un cuchillo jamonero; si por cualquier resistencia a ser robado te cosen a puñaladas; si tu hijo va a una discoteca y otro cavernícola le pisa el pecho hasta estrujarle el corazón; si la crisis amenaza con sembrar de indeseables todos los rincones de ciudades y pueblos, es hora de ponerse alerta.
Veinticuatro horas antes del lamentable acontecimiento del viernes/noche, con ocasión de una cita informativa, un alto responsable de la seguridad provincial advertía de que “teníamos que estar preparados, porque la situación de inseguridad aumentaría a propósito de la crisis”. Pongámonos en lo peor, si quien lo dice es ejemplo de prudencia.
Anteayer tuvimos el primer ejemplo. Da la circunstancia de que Teresa era una mujer conocida en los ambientes comerciales de León, cuando recién aterrizado El Corte Inglés encabezara una cruzada de los pequeños comerciantes que temían verse superados por la llegada del coloso. Tere aguantó y estos días vivía ilusionada porque en el entorno de su Fansy se proyecte un nuevo córner que podría dar vida a la zona, hoy oscura y triste, como tantas calles de León.
Yo espero que mediten quienes nos gobiernan. Observando la grada y el palco en el partido de básquet, me hacía entender que la vida tiene pasos y que no deja de ser un episodio en un país anestesiado y bruto. Cuando se pidió un minuto de silencio pensé que era en memoria de Tere, y sin embargo era… ¡por el sobrino de Gilbert! Aviados estamos.