La compra de Repsol complicaría la compleja red de alianzas y sinergias
E.P. Madrid
Si, como parece bien probable, Don Dinero gana otra batalla y la petrolera rusa Lukoil se hace finalmente con el control de Repsol, al margen del desdoro que supondría para el orgullo patrio y la consiguiente refriega política, la operación provocaría, no ya un vuelco en el sector de los hidrocarburos, sino un verdadero terremoto en todo el panorama energético español.
Al margen de la incertidumbre acerca de si será Lukoil -una empresa que muchos analistas consideran cuanto menos opaca y de la que ni siquiera se sabe a ciencia cierta quién controla- o cualquier otro grupo extranjero el que compre el 20% que la constructora Sacyr posee en Repsol, la adquisición afectará al actual y no demasiado pacífico proceso de consolidación del sector eléctrico, en el que la petrolera se encuentra directamente implicada.
De hecho, el juego de participaciones en el ámbito energético convierte a la compañía hispano-argentina en una pieza clave, pueto que concede a su principal accionista una amplia cuota de poder en Gas Natural y, en cuanto concluya la OPA sobre Unión Fenosa, también en la eléctrica. En suma, quien controla Repsol accede no solo a una enorme compañía, sino que, de paso, se coloca en la vanguardia de los negocios del petróleo, el gas y la electricidad en el ámbito del país.
Repsol detenta actualmente una participación del 30% en Gas Natural, y ha convertido a la gasista catalana en uno de los ejes principales de su actual plan estratégico. Hasta tal punto llegan su compromiso y sinergias, que incluso se ha implicado financieramente en la compra de Unión Fenosa por parte del grupo presidido por Salvador Gabarró.
La petrolera anunció que acudirá a la ampliación de capital por 3.500 millones de euros que Gas Natural realizará en abril de 2009 para absorber Unión Fenosa, y ha elevado su deuda en los nueve primeros meses de este año en 517 millones de euros para ayudar a sufragar la compra de un 9,9 % de la eléctrica.
Más aun, cuando la gasista decidió hacerse con Unión Fenosa a 18,33 euros por acción y endeudarse en más de 19.000 millones de euros, el acuerdo requirió la complicidad de Repsol y Criteria, que celebraron sendas reuniones extraordinarias de sus consejos de administración para dar el visto bueno a tan costosa operación.
Si Sacyr y Criteria abandonan la petrolera, la nueva dirección tendrá que hacerse cargo de las complejas alianzas tejidas en los últimos años por sus predecesores. La condición de extranjero del nuevo socio podría, si cabe, complicar aún más el trabajo y enrarecer los múltiples movimientos de Repsol para liderar un sector tan estratégico y sensible como el de la energía.
Por si no fuera bastante, el mapa estratégico se vería también severamente distorsionado por la hipotética decisión de La Caixa de desprenderse de todo o parte del 14 % que, entre Criteria y la sociedad Repinves, posee actualmente en Repsol. La caja catalana se había convertido en uno de los elementos vertebradores de la alianza entre Repsol y Gas Natural, de la que controla un 33%. Su director general, Juan María Nin, es, junto a Antonio Brufau, la única persona que ostenta los cargos de consejero de ambas empresas.