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SOCIEDAD / Galardón al conocido escritor berciano

Evangelizar sobre el Bierzo bien vale una castaña

Guerra Garrido recibe el premio de la Fundación Prada a Tope

José Luis Prada, Luis del Olmo y Guerra Garrido (derecha). C.g.

Carlos González Madrid
Se concibe como la festividad de la Castaña de Oro de Prada a Tope; pero bien podría denominarse “la diada del Bierzo en Madrid”. Por lo animoso del espíritu del gentío que acude a este evento; o por su relación directa con los productos gastronómicos de la tierra berciana, que el empresario José Luis Prada tiene siempre a bien brindar a los congregados; también por dibujar con el pincel de las palabras sencillas de los allí presentes la esencia que diferencia a ese valle, y de lo que allí sale, del resto de España. Pero por supuesto, por homenajear la actividad de un personaje público en su deferencia hacia el Bierzo.
El pasado lunes, en pleno corazón de Madrid, con el local de Prada a Tope a reventar como telón de fondo, fue turno de reconocer al escritor Raúl Guerra Garrido, (Madrid, 1935). “El Bierzo está en deuda contigo, Raúl”, decía en la entrega del premio el radiofonista Luís del Olmo. “Tu quizá seas el escritor que más veces hayas nombrado a la comarca en tus obras”, le decía José Luís Prada a un Raúl Guerra agasajado.
En síntesis, el autor recibía la Castaña de Oro de Prada a Tope por haber tributado recuerdo de su infancia en Cacabelos durante toda su vida adulta. “El premio de la Castaña de Oro siempre va a ser para los embajadores de lo berciano, y tu eres uno de los mejores”, decía Prada, mientras desbordaba a tope su particular mímica campechana.
El homenaje a Guerra Garrido, no fue sólo una alabanza a sus 17 obras literarias en las que lo berciano es siempre un poquitín protagonista, sino que también fue un reconocimiento al valor de sus ideario humano como defensor de las libertades en el País Vasco. Así lo reconocían los asistentes, que destinaron sonoros aplausos a la intervención del autor. Esos mismos aplausos calentaban un ambiente en el que cien kilos de castañas asadas, por otros tantos litros de vino maceración carbónica del anfitrión, servían de viandas combinadas con cecinas, morcillas y embutidos varios.
Lo que en un principio comenzó como un acto solemne de reconocimiento, pronto se tornó en una reunión de amigos; mínimamente politizado, sólo con la presencia del presidente del Consejo Comarcal del Bierzo, José Luís Ramón, quien departió animosamente con todo aquel que tuvo cerca. “Gracias por contar siempre con nosotros”, le decía Ramón a su tocayo Prada. “Tú eres de esas personas que carga de sentido, y que cree en este Consejo”, decía el socialista al empresario.
Por más de cuatro horas los allí presentes bebían y comían los productos de Prada a Tope con el oído alimentado, así mismo, de las canciones tradicionales de la tierra. Toda suerte de himnos y trovas populares transformaban un restaurante de la capital de España en una nostálgica embajada berciana. Lejos de ser un acto prostituído por la presencia de empresarios y políticos -siempre más interesados en el postureo que en el desenfado- la fiesta del pasado lunes en Madrid fue un hermanamiento entre paisanos; una oportunidad de éxito “para conmemorar el sabor del noroeste, y volver a la esencia de la fiesta del magosto”, decía un Guerra Garrido emocionado por la Castaña de Oro que acababa de recibir. El columnista Pedro García Trapiello recordaba a los presentes el frío que se vivía en la tierra, bajo los copos de nieve, mientras el calor de la amistad entre los paisanos bercianos se incrementaba, fruto de los efluvios del licor de la uva mencía. “Quiero que sepáis que en León está nevando, queridos amigos”, decía Trapiello. Una copa en alto de vino maceración carbónica le respondía, siempre a Tope, que el año que viene, el Bierzo tiene ya su día en Madrid. Gracias todo, a una castaña. Otra fórmula de éxito de Prada a Tope. Son cosas del Bierzo…

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